26 de octubre 2016 - 23:51

Agualusa: “Yo aprendía mentir con Borges”

• DIÁLOGO CON EL PREMIADO ESCRITOR ANGOLEÑO EN SU RECIENTE VISITA AL PAÍS
Con más de treinta libros, muy diferentes entre sí, el autor de premiadas novelas como “El vendedor de pasados” o “Teoría general del olvido” explica que sus historias las toma de la realidad de su país, donde “el realismo mágico es la vida diaria”.

Agualusa. “En Angola, la presencia de lo aventurero, de lo mágico, de la mitología rural es muy fuerte. Lo maravilloso, lo absurdo, está instalado”.
Agualusa. “En Angola, la presencia de lo aventurero, de lo mágico, de la mitología rural es muy fuerte. Lo maravilloso, lo absurdo, está instalado”.
Dicen que es una mezcla de Coetzee y García Márquez, pero José Eduardo Agualusa explica que sus historias se las da su tierra, Angola, donde lo maravilloso es parte de la realidad cotidiana. Novelista, cuentista, poeta, dramaturgo, guionista y ensayista, autor de más de treinta libros, ha comenzado a aparecer entre los candidatos al Premio Nobel, en el lugar del escritor africano, pero esta vez de lengua portuguesa. En su reciente visita a Buenos Aires dialogamos con él a partir de su novela, que acaba de ser publicada por Edhasa, "Teoría general del olvido".

Periodista: Usted miente. Le dice al lector que "Teoría general del olvido" se basa en los diarios de Ludovica Fernandes Mano, mujer que estuvo 28 años enclaustrada en Angola, emparedada en su departamento durante la dictadura, la revolución social, la guerra civil, y eso no es verdad.

José Eduardo Agualusa: Los brasileños y portugueses no se lo creyeron, supieron que era ficción, pero los alemanes se lo tomaron en serio. Los narradores somos muy mentirosos. Ustedes tienen a Borges que se vuelve personaje de sus cuentos. Yo aprendí a mentir con Borges. La literatura es el arte de mentir con elegancia. La verdad está sobrevalorada, y es un concepto un tanto totalitario. En los regímenes totalitarios se cree que la verdad es importante. En los democráticos no hay una verdad, hay diferentes versiones. La ficción es un engaño que se debe aceptar para poder leer literatura, para hacer propio lo que se cuenta.

P.: Y usted cuenta una etapa trágica de su país desde una mujer que se encerró para no verla, y que por momentos espía lo que está ocurriendo.

J.E.A.: La historia está ocurriendo en torno del edificio en donde Ludovica se ha encerrado, más que por callar su violación por miedo a los otros, por xenofobia. Una de las cualidades que debe tener un escritor es saber oír, tener la mente abierta. Angola es un país que relata historias. Tiene una historia alterada, violenta, sobre todo en los últimos años. Luanda, la capital, atrajo aventureros de todo el mundo y, a la vez, a campesinos que llegan con sus tradiciones y mitologías. Entre nosotros realismo mágico es la vida diaria. Una novela realista de Angola será realismo mágico en Europa. La presencia de lo aventurero, de lo mágico, de la mitología rural es muy fuerte. Lo maravilloso, lo absurdo, se instala en la ciudad. Yo todos los días enfrento situaciones absurdas que están tan instaladas en la realidad que no resultan absurdas, se delira con ellas como si fuera algo natural. Viví en un edificio que fue la inspiración de mi novela y un día al abrir la puerta del ascensor me encontré con una camita, y un hombrecito metido en esa camita, y en las paredes un poster del Che Guevara y otro de la Virgen María. Perdón, ¿esto no es un ascensor? No, papá, antes era un ascensor, ahora es mi cuarto. Hay situaciones que vivo a diario que no puedo contarlas porque nadie las creería.

P.: ¿Así surgen sus historias, que son muy diferentes de libro a libro?

J.E.A.:
Muchas las encuentro en los diarios. En la parte del obituario, las necrológicas suman la de su esposa, al lado la de una amante, de otra, de otra, y de otra, todas con palabras cariñosas, llenas de lamentos. Bueno, también sueño mucho. Sueño historias con una intriga completa, o con personajes, o con diálogos. Así cada libro es diferente. También, por ejemplo, en Saramago cada libro tiene una identidad muy precisa, todos parten de ideas muy buenas. En cambio, todas las novelas de Jorge Amado parecen estar ligadas, descubrir un mundo, el mundo de Bahía.

P.: Sus novelas compiten entre ellas, por lo pronto en ganar premios.

J.E.A.:
Y... qué le voy a hacer. Las más recientes, "El vendedor de pasados", que ganó el Independent Foreing Fiction, y "Teoría general del olvido", el Man Booker, tienen algo en común, como primas, son ejercicios de imaginación y están centradas en la cuestión de la identidad y la posibilidad de cambiar y transformarse. En la historia de Ludovica, el sicario portugués Jeremías Carrasco cambia de piel, de raza, en el desierto es fusilado y se salva, y se transforma, vuelve hecho otra persona. En "El vendedor de pasados", un hombre vende pasados a los nuevos ricos, les ofrece una historia familiar para que brillen en la sociedad. Ambas novelas ocurren dentro de una casa y están penetradas por el afuera, abiertas a oír el afuera. "Teoría general del olvido" fue mi única novela que surgió de un guión, iba a ser una película. Yo siempre escribo como un lector, sin saber cómo va a terminar y en este caso, sabía eso; a la vez tenía mucho que saber, dado que ahora era una novela.

P.: A pesar de la imaginación desatada se dice que usted hace novela histórica.

J.E.A.:
A veces. Mi última novela "La reina Ginga" es histórica. Trata de una mujer increíble, Ana de Sousa, que en el siglo XVII gobernó Matamba, reino poderoso que reunía zonas de la costa occidental de África. Inteligente, astuta, estableció relaciones diplomáticas con los holandeses. Estratega política y militar condujo sus ejércitos contra reyes de tribus africanas y combatió a los invasores portugueses. Era sensual, ardiente. Tuvo un harén de más de cincuenta "esposas", hombres vestidos de mujer. Las presentaba: "mis señoras". Se casó con jefes militares que quería como aliados. A dos blancos, portugueses los hizo pasear por Europa vestidos con ropas femeninas en tareas diplomáticas. Luchó hasta los 80 años, en que murió pacíficamente. Fue admirada hasta por sus enemigos. El Marqués de Sade habla de ella en "Justine". Cuando salió mi libro en Angola no paraba de ser comprado por blancos y negros que querían ser sus herederos, poder decir "Ginga fue mi tatarabuela".

P.: ¿Qué está escribiendo ahora?

J.E.A.:
Una novela sobre sueños. Trata de cuatro personajes que se encuentran por casualidad y tienen diferentes relaciones con los sueños.

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