En Cuba no existen estadísticas claras sobre el número de la población penal, aunque The Economist estima 531 reclusos por cada 100 mil habitantes, lo que la coloca en el cuarto puesto, después de Estados Unidos (760), Ruanda (631) y Rusia (626). ¿Por qué? «Porque todo es delito, todo está prohibido, la extensión de lo penalizable es inmensa: comprar un pedazo de carne de vaca en el mercado negro puede significarte hasta tres años en prisión; por ayudar a matar una vaca puedes ir hasta 15 años», dice la bloguera Yoani Sánchez. A pesar del miedo, las escaseces en la canasta básica llevan a que a diario los cubanos cometan más de un delito para sobrevivir. «Son delitos contra la revolución, delitos de los nuevos tiempos pero a la vez promovidos por ellos: porque quien adquiere leche en polvo en el mercado negro (N.deR.: sólo es legal comprar leche para menores de 7 años) sabe que ésta proviene, robada, de una fábrica estatal, pero ¿cómo privar a un niño de algo tan esencial como la leche?».
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