30 de marzo 2016 - 00:00

Atom Egoyan: el “toque Hitchcock” en un nuevo film

Egoyan: “Lo más difícil es el juego de las marionetas, la sensación de ver cómo un personaje maneja a otro y sospechar que el director está manejando a todos como títeres, inclusive al público”.
Egoyan: “Lo más difícil es el juego de las marionetas, la sensación de ver cómo un personaje maneja a otro y sospechar que el director está manejando a todos como títeres, inclusive al público”.
Con el título "Recuerdos secretos" se estrena al fin el formidable thriller gerontófico "Remember", de Atom Egoyan, donde un anciano judío envía a otro a matar al asesino nazi de sus respectivas familias. El detalle es que hay cuatro personas con el nombre del asesino, y el enviado tiene demencia senil. "Remember" ganó el Premio del Público en el pasado Festival de Mar del Plata, ocasión en que dialogamos con el también director de "Ararat".

Periodista: Háblenos de los toquecitos a lo Hitchcock que puso en su película.

Atom Egoyan:
Eran necesarios, en ciertos casos para envolver la trama con algún toque de extrañeza, o de música, y en otros casos para aflojar tensiones. Pero lo más difícil es el juego de las marionetas: la sensación de ver cómo un personaje maneja a otro y sospechar que el director está manejando a todos como títeres, inclusive al público. Eso me pasaba cuando veía cualquiera de sus películas, y una vez pude salir de dudas.

P.: ¿Se lo preguntó al propio Hitchcock?

A.E.
: Lo conocí personalmente, pero se lo pregunté a otra persona. Hace 29 años dirigí a Martin Landau en un episodio de una nueva edición de "Alfred Hitchcock presenta", llamado "The Final Twist". Entonces aproveché a preguntarle cómo lo había dirigido el maestro cuando hicieron "The Second Veredict". ¡Mi sospecha era cierta! Y ahora apliqué un poco ese método. Ya ve cómo llegué a la página de consultas de Hitchcock a través del link de Landau.

P.: Landau tiene 87 años, Christopher Plummer 86, ¿cómo fue trabajar con semejantes veteranos? Usted suele trabajar con jovencitas.

A.E.:
Trabajar con actores viejos es todo un riesgo, porque el seguro no quiere cubrirlos. Para los papeles de posibles nazis pensé en Gunter Lamprecht, pero estaba enfermo, y con Maximilian Schell, pero justo cuando iba a mandarle el guión va y se muere. Así que debí conformarme con dos viejos menos viejos pero que saben parecer octogenarios: Jurgen Prochnow y Bruno Ganz. Fue muy generoso, Ganz, porque aceptó viajar hasta Canadá aunque su papel era bastante pequeño. Prochnow se luce más.

P.: Y Plummer tiene la mejor actuación de su última etapa.

A.E.:
En cine, porque en teatro se vive luciendo. Ha hecho un Próspero maravilloso, hace unas representaciones de antología. Lo veo mucho en teatro, además siempre releo su libro, "In Spite of Myself". El sabe que lo adoro. Pero en cine últimamente no había tenido buenos papeles. Aquí nos hace creer que es judío sin tener ningún rasgo de judío, y hace una actuación muy exigida, porque su personaje está siempre en tiempo presente, no tiene recuerdos claros.

P.: Y alguien aprovecha su falta de memoria.

A.E.:
Es muy interesante, eso del conflicto de la memoria humana con algún trauma del pasado. Acá un personaje hizo un proceso de memoria selectiva, suprimió algunos de sus propios recuerdos con tanta fuerza que se los olvidó y terminó creyendo su propia mentira de recuerdos falsos. Sin embargo, ciertas reacciones (la puntería, la organización para ir tachando los pasos a seguir) evidencian una verdad oculta que ni él mismo advierte. Y menos el público, hasta llegada cierta escena. Otro personaje, en cambio, es un negador consciente. Jamás lo confesaría en público, pero sabe bien quién es. ¿Sabe que hubo varios casos semejantes en EE.UU.? Porque después de la Guerra, la CIA invitó a trabajar con ella a varios científicos, espías, y hasta represores nazis, y les dio una nueva identidad para facilitar su integración al país como supuestos refugiados. Le recomiendo un libro del periodista Eric Lichtblau, "The Nazi Next Door".

P.: Pero en "Remember" la cosa es todavía más singular.

A.E.:
No lo divulgue. Hay que mantener la sorpresa.

P.: Hablemos entonces del humor negro.

A.E.:
Si, chistes como el nombre de un animal, la escena del neonazi, que la gente aplaude y al final se queda perpleja, y el propio final, cuando la gente descubre contra quién iba la furia contenida del manipulador. Obviamente, creo que él nunca pensó que todo iba a terminar del modo en que termina.

P.: Es un guión excelente.

A.E.:
Y no es mío. Generalmente yo escribo y dirijo, pero esta vez me encontré con el primer guión de un escritor joven, Benjamin August, y me sentí cautivado. Enseguida quise llevarlo al cine. Arreglé con él, y empecé a rezar para conseguir el productor, y que los viejos no se me murieran. Tuvimos suerte.

Entrevista de Paraná Sendrós

Dejá tu comentario