23 de febrero 2009 - 00:00

Atractivo compendio de la obra de Ana María Stekelman

El segmento dedicado al tango en el refinado espectáculo de danza «Perfumes», que también tiene partes dedicadas al vals, el jazz y el bolero.
El segmento dedicado al tango en el refinado espectáculo de danza «Perfumes», que también tiene partes dedicadas al vals, el jazz y el bolero.
El nuevo espectáculo de la coreógrafa Ana María Stekelman es un compendio de su obra anterior, finamente seleccionada para dar formato a «Perfumes». En el primer segmento se encadenan fragmentos de tangos, valses en el segundo, obras jazzísticas en el tercero y boleros en el cuarto. La obra asimismo permite observar cómo se define el estilo de esta artista argentina que logró una fluida fusión entre distintas formas de la danza. En los tangos iniciales, el lenguaje académico se une al típico vocabulario tanguero, manifestándose en pequeños conjuntos y en espléndidos dúos. Tangos tradicionales de Francisco Canaro, Expósito y Francini se une a los aires renovadores del Piazzolla de «Michelangelo 70», «Buenos Aires hora cero», «Romance del diablo» y «Revirado». Vestuarios negros y brillantes otorgan una elegancia extra al segmento.
Sin interrupción aparecen las expansivas coreografías imaginadas por Stekelman para el «Vals del Emperador» de Strauss, «Desde el alma», de Melo y Manzi, y obras del brasileño Francisco Mignone. Ahora son las gasas de tonalidades crema las que dan relieve a una danza refinada y sumamente virtuosa, de giros y desplazamientos envolventes.
Jazz y bolero
Las luces de atardeceres color naranja y lila crean la atmósfera exacta para el set dedicado al jazz. «Summertime» y «Fascinating Rhytm»de Gershwin, «May Man» e «Yvain» cantado por Billie Holliday, con diseños coreográficos hechos de quiebres y de «terre-á-terre».
La última parte de «Perfumes» la ocupa el bolero. No es más que una selección de versiones de la humorística, llena de sarcasmo y guiños «Bésame mucho» de Consuelo Velázquez, que se baila con elementos de la danza contemporánea fundida a la danza popular urbana, y un vestuario multicolor.
Por supuesto que la intención de esos perfumes de reavivar la memoria olfativa para retrotraerse a imágenes del pasado está totalmente lograda, siempre con refinamiento y buen gusto a lo largo de los 70 minutos aproximados de duración. La carga de energía positiva que enmarca la conclusión tiene mucho que ver con la pericia técnica y anímica impuesta a la totalidad de los integrantes del Ballet Argentino, que dirigidos en forma conjunta por Julio Bocca y Ricky Pashkus, muestran la excelencia habitual de la compañía.
La presencia de una madura y siempre eficaz Eleonora Cassano junto a una fenomenal Cecilia Figaredo, como figuras centrales, dan brillo natural al espectáculo, aunque cuando deben hacerlo se cohesionan con el resto de los bailarines del Ballet Argentino en un pie de igualdad, dejando de lado cualquier pretensión de «divismo».

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