Un periodista le dice a Amado Boudou que los nombres que suenan para sucederlo en el Ministerio de Economía serían el viceministro Roberto Feletti; Juan Carlos Fábrega (Banco Nación); el secretario de Finanzas, Hernán Lorenzino, y el titular de la ANSES, Diego Bossio. El ministro responde: «Martín Cabrales», abrazando al empresario del café, marplatense como él, sentado a su lado. Después, más serio, dice: «Lo va a decidir la Presidente».
«Es un caballero, un gran golfista y un cultor del fair play». El elogio de Amado Boudou tomó de sorpresa a Federico Nicholson, CEO del grupo Ledesma. El funcionario y el empresario han compartido más de una vez el recorrido por los 18 hoyos de una cancha en San Isidro. Nicholson, más serio, dijo que el conflicto por las tierras de su empresa «está en una impasse, pero con la gente adentro». Reiteró lo obvio: «Ledesma no tiene ningún problema en ceder 40 hectáreas para que se urbanicen», pero recordó que esa cesión debía pasar por un proceso de verificación de identidad, nacionalidad, etc. «Eso estaba en proceso cuando empezaron las tomas», agregó.
«Si el precio para seguir creciendo al 8%/9% anual es una inflación del 15%, estoy dispuesto a pagarlo. Como estrategia de país me gusta una economía caliente, la entrega de recursos a la población. Es lo opuesto a la receta ortodoxa que va a aplicarse el Europa y que va a resultar en una recesión durísima. Estoy seguro de que Estados Unidos, por el contrario, va a aplicar medidas heterodoxas, más parecidas a las nuestras». El presidente de Aeropuertos 2000, Ernesto Gutiérrez, también atacó casi con saña a la consultora Moodys. «Lo que hicieron es imperdonable, una locura; fue una invitación a irse de la Argentina. Va en contra de los intereses del país», dijo en relación con el informe sobre el estado del sistema financiero divulgado por la calificadora de riesgo.
Hoy todo el sector del calzado deportivo tiene una cita en el despacho de la ministra de Industria, Débora Giorgi. Varios de los principales empresarios del rubro se preguntaban si alguno sabía para qué habían sido citados. «Yo ya empaté mi producción local y mis exportaciones con lo que importo», le dijo a este diario el CEO de una de las marcas líderes. «No tengo idea para qué nos llaman». El que parecía tener las respuestas era José Ignacio de Mendiguren, titular de la UIA y fabricante de zapatillas, a quien todos consultaban.
En el lobby bar el colorido Jorge Pereyra de Olazábal se alegraba por la victoria de Enrique Olivera en la elección del Jockey Club (ver Contratapa). «Bruno Quintana no podía seguir; dos tercios de los socios le votaron en contra», decía pese a que la lista a la que adscribió (encabezada por el exembajador en la ONU Emilio Cárdenas) quedó tercera.
Resultó obvio que la agenda para el encuentro de ayer del Council of the Americas había sido confeccionada antes de que se conocieran los resultados de las primarias abiertas. Asistieron empresarios como Alejandro Bulgheroni, Miguel Acevedo (Aceitera General Deheza), José Papo (Nike) y Eduardo Eurnekian (Aeropuertos 2000), pero a las exposiciones más relevantes.
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