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Calle 13 hizo bailar a dos Luna Park repletos
Al numeroso público de Calle 13 (que ya llenó dos Luna Park y muy probablemente llenará otro el 26) parece atraerle más el ritmo y
el potente sonido del grupo que sus letras supuestamente
comprometidas.
A esta altura, con cuatro discos editados, con excelentes ventas de copias y de entradas en todas partes, con canciones que se escuchan en las radios masivas y en los canales dedicados al negocio grande de la música, cuesta aceptar del todo la supuesta inocencia revolucionaria del dúo Calle 13. Los hermanastros puertorriqueños son representantes de una suerte de reggaetón de protesta -contra los gobiernos, por una Puerto Rico libre, contra el Vaticano, contra la xenofobia y la discriminación, contra la industria de la música-, se han ido haciendo espacio en toda América Latina.
En nuestro país, no paran de crecer: sus recitales de años anteriores, su muy convocante presencia en el último Cosquín Rock, sus Luna Parks repletos -fueron dos el fin de semana y habrá otro en pocos días-, el lugar que ocupa el último álbum «Entren los que quieran» en los rankings locales, dan cuenta de una formación que ya no es una promesa ni un dúo de jóvenes jugando a la rebeldía. Porque no se hicieron tan populares precisamente de espaldas a las más grandes estructuras; y por eso, resulta gracioso -y hasta podría sonar a operación de marketing- cuando dicen en una canción «mi disquera no es Sony, mi disquera es la gente», mientras promocionan un CD grabado y editado precisamente por esa empresa.
Elucubraciones ideológico-comerciales aparte, Calle 13 es un grupo que tiene momentos interesantes. Su discurso contestatario se sostiene en melodías y marcaciones rítmicas que se reiteran; y allí está, sin dudas, su aspecto más débil. En cambio, es imponente el sonido, salido de un combo enorme que mezcla banda pop de teclados, guitarra, bajo, batería, con elementos de una agrupación salsera (trombones, trompeta, percusión latina) y la segunda voz de Ileana Cabra. Muy lejos de la austeridad escénica, con un cuidadísimo aspecto desaliñado, René Pérez Juglar «Residente» es la cabeza excluyente del dúo, porque es quien escribe las canciones y, sobre todo, porque es la voz -el punto más alto, sin dudas, de Calle 13- y la cara más visible.
El recital transcurre en perfecta línea con lo que marcan este negocio y estas estructuras sociales que dicen cuestionar: temas del disco a presentar, y a vender, claro, se mezclan con otras de trabajos anteriores que sirven como enlace. La multitud del Luna Park enloquece, más por la persistencia en el pulso que mueve inevitablemente todos los pies que por textos que no terminan de entenderse en el vivo del estadio. Y como invitado. Andrés Calamaro, un poco perdido en su aparición, puso en la noche del viernes su presencia estelar para compartir «Nadie como tú».


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