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Clásico: arrestos generalizados de hombres de Mubarak
Ante las persistentes críticas contra las figuras del exrégimen que todavía ocupan sus cargos, las nuevas autoridades quieren dar pruebas de ruptura con las costumbres del pasado.
Los arreglos de cuentas apuntan también a dirigentes políticos o económicos cercanos al impopular hijo del expresidente, Gamal Mubarak, y a ciertas personalidades desprestigiadas por haber estado al frente de la represión policíaca.
En los últimos días, cuatro exministros fueron arrestados en Egipto, un país en el que la impunidad era la regla. El exministro de Información, Anas Al Feki, y el presidente del sistema audiovisual de Estado, Osama El Sheij, fueron detenidos ayer en sus domicilios bajo orden de la sección financiera del ministerio fiscal.
Estos arrestos ocurren después del de los exministros de Interior, Habib El Adli, de Turismo, Zoheir Garranah, y de Vivienda, Ahmad Al Magrabi, todos acusados de corrupción.
El miércoles, la Justicia egipcia anunció que el exministro de Cultura Faruk Hosni, que ocupó su cargo durante 23 años y fue candidato perdedor por la dirección de la UNESCO en 2009, forma parte de la lista de personas que tienen prohibido salir de Egipto. En este memorando figura también el nombre del ex primer ministro, Atef Ebeid, junto con una decena de hombres de negocios.
El presidente derrocado y su familia cercana sufren el congelamiento de sus cuentas en el extranjero, cuya estimación no ha sido aún divulgada. Actualmente encarcelado, el industrial Ahmad Ezz, quien tiene una de las fortunas más importantes del país y que monopolizaba el sector del acero, es considerado como la eminencia oscura de Mubarak.
Casi todos los diarios egipcios, incluyendo aquellos que hasta hace poco eran los más complacientes hacia el exrégimen, mostraban en sus primeras páginas de ayer fotos de dos exministros (Turismo y Vivienda) y de Ahmad Ez tras los barrotes, todos vestidos como presos.
«Corruptos hasta la médula», era el título del diario Ajbar, mientras que el económico Al Alam Al Yum anunciaba: «El Gobierno declara la guerra a la mafia de territorios», acusada de haber mal vendido decenas de miles de kilómetros cuadrados de tierras que pertenecían al Estado, en favor de operaciones inmobiliarias.
La publicidad de esta lucha contra la corrupción ocurre en un contexto de descontento social y de reivindicaciones salariales que son alimentadas por el clima de dinero fácil que favoreció a las altas esferas políticas y económicas de los últimos años del Gobierno de Mubarak.
La lucha contra la corrupción llega hasta los dirigentes de numerosas empresas públicas y privadas que se ven obligados a renunciar a sus puestos frente a la presión de sus empleados.
Sin embargo, «queda todavía camino por hacer, numerosos caciques del exrégimen están ahí todavía», explicó un joven militante que manifestó en la plaza de Tahrir de El Cairo, epicentro de la revolución.
Agencia AFP


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