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Códigos: iusnaturalistas vs. positivistas en el Senado
José María Arancedo expuso sus críticas al proyecto oficial en el Salón Azul del Senado ante Aníbal Fernández, Marcelo Fuentes, Liliana Negre de Alonso, Ricardo Gil Lavedra y Ernesto Sanz, entre otros.
Arancedo levantó en el Salón Azul del Senado la bandera de los iusnaturalistas. Es decir, la existencia de ciertos principios permanentes, superiores e inmutables frente a la creación falible y humana del derecho escrito. El arzobispo de Santa Fe lo explicó en el marco de su exposición en una nueva jornada de las audiencias públicas que se desarrollan para pulir detalles del futuro Código Civil y Comercial unificado: «El hombre no es solamente una libertad por la que él se crea a sí mismo y es dueño de la vida. Él es espíritu y libertad, pero también naturaleza, y su voluntad es justa cuando él respeta la naturaleza, la escucha y se acepta en su grandeza y sus límites. Esta reflexión no es ajena a la tarea legislativa, llamada a dar leyes justas a la sociedad. En este sentido el límite es un acto de sabiduría que orienta y purifica la misma libertad del hombre. Por otra parte, no todo lo que es técnicamente posible o deseado en el manejo de la vida, es necesariamente ético y respeta su dignidad».
Validez
Los positivistas, incluidos Kelsen y los legisladores kirchneristas que tienen orden de no modificar por el momento la versión enviada por el Poder Ejecutivo al Congreso, se oponen al «iusnaturalismo» que pregonó ayer el jefe del Episcopado. La validez de las normas, por lo tanto, no se basa en principios eternos e inmutables, como la defensa de la vida o de la moral familiar, sino en la validez y vigencia de otra norma escrita superior que incluso puede llegar a regular el mecanismo de producción de la ley de inferior jerarquía. Así hasta llegar a la «norma hipotética fundamental o Grundnorm» en la que se apoya toda la validez de la pirámide jurídica.
Así, el iusnaturalismo contra el positivismo emergió ayer como un debate ancestral que salió de los claustros universitarios para empapar el debate por la reforma y unificación de los Códigos Civil y Comercial en el Congreso. Y Arancedo, que venía de tres días de deliberaciones con la cúpula de la Comisión Permanente del Episcopado, dejó en claro la postura de la Iglesia Católica: «Notamos que en las soluciones propuestas en este campo, ha influido una ideología individualista y una concepción de familia ajena a las tradiciones nacionales y al sentir y vivir de la gran mayoría de nuestro pueblo». Se refería, a la creación humana elaborada por la comisión redactora que integraron el presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti, la magistrada Elena Highton de Nolasco y la exsuprema mendocina Aída Kemelmajer. Lo que para Lorenzetti es «una deuda de la democracia», para Kemelmajer «es la solidaridad con el otro». Estos positivistas del siglo XXI se referían a nuevas disposiciones de los Códigos que regulan los contratos prenupciales, el alquiler de vientres y el divorcio exprés, una agenda rechazada por el clero por violar principios universales y anteriores a la voluntad del legislador. Kemelmajer fue clara cuando expuso en el Salón Azul en temas como el deber de fidelidad, inviolable de acuerdo con los preceptos cristianos, y la calificó como un deber moral que dejará de ser un deber jurídico en los futuros matrimonios.
Tajante
Sin embargo, Arancedo fue tajante ayer ante notables senadores kirchneristas, algunos fervientes creyentes como Aníbal Fernández, Marcelo Fuentes o la peronista disidente Liliana Negre de Alonso, quien llegó a avalar la no nata designación de Daniel Reposo como procurador general de la Nación en base a su rechazo al aborto.
También escucharon al titular de la CEA los radicales como Ricardo Gil Lavedra y Ernesto Sanz. Arancedo no se cansó de repetir las críticas de la Iglesia a la posibilidad del alquiler de vientre y sostuvo que «no se debe debilitar al matrimonio». Repitió además los conceptos vertidos ayer por la Conferencia Episcopal Argentina en un documento crítico hacia el proyecto de reforma titulado «El Código Civil y nuestro estilo de vida», particularmente en lo referido a las técnicas de reproducción asistida. «El proyecto no reconoce en absoluto al matrimonio indisoluble caracterizado por el compromiso de fidelidad y de apertura al bien de los hijos», se quejó el obispo, al tiempo que advirtió que el alquiler de vientre puede ser «fuente de más desigualdad por la explotación de mujeres pobres».


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