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Cómo Wall St. contribuyó a su ruina: caso Magnetar
Pero esta visión se contradice con la realidad. De la plétora de libros que se han publicado a raíz de la crisis, la mayor parte se enfoca en explicar su origen, ya sea macroeconómico, regulatorio o institucional. Michael Lewis, quien se hizo famoso hace dos décadas con «Liar's Poker», una crónica de los tumultuosos años ochenta en Wall Street, ha escrito un interesante libro titulado «The Big Short: Inside the Doomsday Machine». En él, en vez de explicar cómo se originó la crisis, Lewis cuenta la historia de los inversores que supieron preverla y ganaron cientos de millones de dólares apostando en contra de las hipotecas subprime. A John Paulson, el más famoso de estos inversores, sólo le dedica algunos párrafos (su caso ya ha sido ampliamente comentado por la prensa especializada). Lewis, en vez, se enfoca en otros inversores de menor perfil (y menos recursos) que también hicieron fortuna con el estallido de la burbuja inmobiliaria.
El éxito de estos inversores no sólo tiene interés anecdótico. Es una prueba adicional de que la crisis pudo haber sido prevista por las autoridades. No se trató de un accidente imprevisible, sino que fue la consecuencia inevitable de un esquema de incentivos perversos dentro de un sistema financiero mal regulado y supervisado (las bajas tasas de interés y el exceso de liquidez exacerbaron el problema).
Ejemplo
La estrategia de inversión seguida por un hedge fund sirve para ejemplificar el punto. Magnetar es el nombre del fondo en cuestión (que Lewis ni menciona en su libro) y las collateralized debt obligations u obligaciones de deuda garantizadas (más conocidos como CDO) fueron la base de su estrategia. Un CDO no es más que un fideicomiso que emite deuda para comprar títulos que sirven de garantía para repagar esa deuda. Estos títulos pueden ser bonos de empresas, Gobiernos e incluso deuda de otros fideicomisos o productos estructurados. La diferencia entre el valor inicial de la cartera en garantía y la deuda del CDO se denomina equity y generalmente representa un 2% o un 3% de la estructura de capital. Todos los CDO tienen un administrador que maneja activamente su cartera de activos, es decir compra y vende títulos de manera de asegurar un flujo de fondos que permita repagar la deuda. Quien controla el equity del CDO controla al administrador.
Estrategia
¿Qué es lo que hizo Magnetar? Entre abril de 2006 y julio de 2007 invirtió en casi 30 CDO. Su estrategia consistía en comprar el equity y hacer que el administrador comprara productos estructurados con hipotecas subprime de la peor calidad crediticia. A primera vista esto parece suicida. En caso de que hubiera un default de la deuda, el equity del CDO desaparecería. Pero hete aquí que al mismo tiempo Magnetar compraba a los bancos credit default swaps (CDS) o derivados de crédito sobre la deuda de esos mismos CDO. Es decir que la pérdida del equity era compensada con creces por la ganancia realizada en los CDS. ¡Lo increíble es que según algunas estimaciones, la estrategia de Magnetar explica casi el 60% de la demanda de bonos subprime en 2006!
Nada de esto era ilegal. Como dice el refrán, la culpa no es del chancho, sino de quien le da de comer. Como explica en su blog el economista Simon Johnson de MIT, Magnetar simplemente explotó hábilmente los vacíos regulatorios y la estructura de incentivos perversos en Wall Street para realizar pingües ganancias. En una transacción emblemática, este fondo invirtió 10 millones de dólares en el equity de un CDO y luego compró CDS sobre casi mil millones de dólares de deuda emitida por ese mismo CDO. La contraparte de esta transacción fue un banco de primera línea que terminó perdiendo 880 millones. Esta pérdida fue a cambio de comisiones de 20 millones, de las cuales un poco menos de la mitad fueron el bonus de los banqueros involucrados. Como bien señala Johnson, el esquema de titulización de CDO, los ratings superoptimistas, la insuficiente supervisión de los bancos y los incentivos perversos de compensación alimentaron una fábrica de activos tóxicos que inevitablemente llevaría al colapso de Wall Street.
La culpa no fue de Magnetar, sino de los máximos ejecutivos de los bancos, el Gobierno, los legisladores del Congreso y los reguladores. Ninguno de ellos aparentemente entendía cómo funcionaba verdaderamente el negocio de CDO. Lo increíble es que hasta ahora, con excepción de las hipotecas subprime, la mayoría de los ingredientes del cóctel fatídico que llevó a la crisis siguen estando presentes. Y si priman las voces que proponen que nada cambie, es probable que la historia se repita, y pronto.


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