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Correo de EE.UU., cerca del default y la quiebra
El USPS había advertido en agosto que no iba a poder cumplir con el pago de u$s 5.500 millones al Gobierno federal al cierre de su ejercicio fiscal, que se producirá el 30 de septiembre. La empresa enfrenta una combinación de factores adversos que incluyen la suba de costos laborales, en particular los de las pensiones de sus antiguos empleados, y la caída en su volumen de negocios. Las pérdidas vienen acumulándose desde inicios de 2008, y llegaron a los u$s 5.700 millones en los nueve primeros meses del año fiscal 2010-2011 (de octubre a junio), pese a drásticas medidas de reestructuración.
Ayer una portavoz de la empresa, Yvonne Yoerger, declaró a CNN que el Correo espera que el Congreso la autorice a dejar de contribuir a su fondo de pensiones, que considera suficientemente abastecido de recursos. Donahoe volverá a insistir con esta alternativa hoy, cuando se presente en el Parlamento.
De todos modos, un «default» no significaría el inmediato cierre del Correo: el organismo seguirá pagando los sueldos y a sus proveedores, a fin de seguir prestando el servicio hasta al menos el próximo año fiscal. Sin embargo, entraría en una zona muy complicada a menos que el Legislativo le otorgue la ayuda fiscal requerida.
El USPS es un ente federal autárquico que no acepta fondos provenientes del Gobierno federal. Por eso, sus directivos piden que se los trate con la misma flexibilidad que a las empresas privadas para poder ser rentables. Cerca del 80% de sus costos son laborales, y el total de su nómina asciende a u$s 1.900 millones anuales entre salarios y beneficios.
Esto, pese a que el USPS recortó sus gastos más de u$s 12.000 millones en los últimos cuatro años y redujo 110.000 puestos de trabajo. Estudios internos de la empresa indican que deberán desprenderse de 220.000 empleados más hasta 2015.


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