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‘‘Croupiers’’ y zares de juego apuestan fuerte
Sheldon Adelson, CEO del casino Las Vegas Sands, prominente donante republicano, habla con otros ejecutivos del juego al final del primer debate presidencial en Denver, el 3 de octubre pasado.
Las mil luces de la ciudad del juego esconden una división profunda: por un lado, la Culinary Union, que representa a 55.000 cocineros, mozos y empleados de los ascensores, que ha puesto a disposición su formidable máquina organizativa para llevar adelante un puerta a puerta capilar a favor de los demócratas.
Por el otro, los «tycoon» del juego, que a golpe de chequera buscan con urgencia un cambio de la guardia en la Casa Blanca.
Sondeos
En juego están los seis votos electorales de Nevada, un campo de batalla en las últimas citas electorales, y los sondeos confirman que este año será la misma historia. Obama y su rival republicano, Mitt Romney, están empatados al 47%.
«No es una competición con igualdad de armas, pero estamos tratando de reducir la diferencia», explica Cheryl Lawrence, de 36 años, quien normalmente se ocupa de la pastelería en el Mgm, el hotel-casino de tema hollywoodense de Wynn, pero que ahora tomó una excedencia para movilizar a electores en la meca del juego de azar.
No hay nada nuevo en un sindicato que apoya a los demócratas mientras el «big Business» respalda, en cambio, a los republicanos, si no fuese porque en 2010 la Corte Suprema dio luz verde a los SuperPac, comités de acción política gestionados de forma privada y financiados con cientos de millones de dólares, lo que elevó el enfrentamiento en Nevada entre dueños de casinos y trabajadores hasta niveles sin precedentes.
Ambos partidos describen el desafío en términos apocalípticos: «No está en juego sólo nuestro puesto de trabajo», sostiene Geoconda Arguello-Kline, presidente de la Culinary Union, según la cual «Romney tiene en su agenda la destrucción de los sindicatos».
Los dueños de los casinos, por su parte, agitan el espectro del socialismo: Wynn acusó en televisión a Obama de fomentar la lucha de clase mientras Adelson, dueño del Sands, dio a grupos conservadores 70 millones de dólares en este ciclo electoral y amenazó con hacer «todo lo necesario» para destruir al presidente.
Agencia ANSA


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