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“Cuando mi mujer leyó mi primer libro quiso el divorcio”
Sucesor de Andrea Camilleri y su comisario Montalbano, el nuevo best seller italiano forjó un inspector más despiadado y corruptible. El cuarto tomo de la serie acaba de aparecer en español.
Manzini. En italiano, las aventuras de Rocco Schiavone ya llevan seis libros y una miniserie de TV. El nuevo volumen en español es “Sol de mayo”.
A. M.: Al principio era terrible, asesino, ladrón, drogadicto. Amigo de chorros y narcos. Cuando mi mujer leyó el primer libro lo cerró y me dijo: voy al abogado a pedirle el divorcio. Lo revisé un poco. En el fondo uno comprende la violencia de Rocco cuando trompea a ese que le pega a su mujer, deja sangrando en el piso a un pedófilo o saquea a un usurero. Rocco se fue calmando un poco. Pero las cosas que le hinchan las pelotas siguen siendo las mismas. En más de un caso son cosas mías que le transfiero a él. Pero él pone en primer lugar los crímenes que debe enfrentar.
P.: ¿Qué delitos lo llevan a escribir y a Rocco a actuar aunque no tenga ganas?
A. M.: La violencia gratuita sobre alguien débil. Robar al Estado, que es robar a la gente. La impunidad. La venalidad periodística. Los privilegios sociales que consiguen justificar de contravenciones a crímenes. Los poderes de la mafia desde la cárcel. Que un par de africanos vayan presos por robar en un supermercado y que Berlusconi y los miembros de la Pe Due sigan tan campantes. Hay cosas que son indigeribles. Los italianos sienten que no hay sanciones reales porque a cierto nivel nadie va a la cárcel. La corrupción es una peste que recorre los países de habla latina y lo peor es cuando los corruptos se presentan como seres impecables.
P.: ¿Ser actor, director, guionista, lo llevó a una escritura cinematográfica?
A. M.: Nací en 1964 bajo el dominio de la imagen más que de las palabras. Hice teatro muchos años y ahí la palabra es esencial. La labor del narrador se suma a la del dramaturgo y el director; pone las palabras, las intenciones, la escena y las acciones. Yo quería escribir teatro. Cuando presenté una obra el director me dijo: esto es una novela. Me gustó. El teatro y el cine me enseñaron la importancia del ritmo, la percepción del instante en que hay que transformar el relato. Salvo que se sea Proust o Bernhard y se elija la alta literatura. En mi caso cuando era joven me gustaban Ellroy, Hammett, Chandler, Izzo, Vázquez Montabán.
P.: ¿En que está trabajando ahora?
A. M.: En diciembre pasado salió "Pulvis et umbra" ("Polvo y sombra"), sexta novela de Rocco Schiavone. Me gustaría pasar a otra cosa, pero no puedo. Cuando se tiene un éxito no se puede hacer como si no pasara nada. Los lectores y los espectadores de la serie reclaman continuidad. No se deja fácilmente a un amigo como Rocco. Supe que debía dejar de hablar con el fantasma de su amada mujer asesinada. Es lo que hizo en la última novela, cuando dijo: bueno, es hora de empezar a vivir. Tendrá que elegir entre alguna de sus amantes. Tendría que domar un poco su ferocidad, su cinismo, sus sarcasmos. Tendrá que resolver delitos que le dan asco. Tendrá, por ahora, que seguir.


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