“Cuando mi mujer leyó mi primer libro quiso el divorcio”

Edición Impresa

Sucesor de Andrea Camilleri y su comisario Montalbano, el nuevo best seller italiano forjó un inspector más despiadado y corruptible. El cuarto tomo de la serie acaba de aparecer en español.

Criado en la marginalidad, donde se hizo a la dureza de la vida, Rocco no ha olvidado su pasado por más que estudió derecho, o sea, que se ha hecho policía. Con ese drástico y taciturno personaje el actor, director y escritor Antonio Manzini ha renovado el policial italiano, haciendo el relevo de su maestro Andrea Camilleri. Manzini visitó Buenos Aires para presentar "Sol de Mayo" (Salamandra), cuarto tomo en español de la serie de Rocco Schiavone, que en italiano son seis libros y una exitosa serie televisiva. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Fue a propósito que sacó de Roma al subjefe de policía Schiavone y lo mandó a Aosta, en los Alpes italianos, para ponerlo en un escenario parecido al de los policiales nórdicos de moda?

Antonio Manzini: Podría ser. Aosta es una ciudad que conozco. Rocco tenía que estar incómodo, fue ahí castigado. Se le fue la mano trompeando a un violador, hijo de un empresario y político poderoso. Casi nadie conoce Aosta que es, después de Roma, la ciudad con mayor cantidad de ruinas del imperio romano. Es la ciudad de Augusto. Para un romano estar en el norte, en la nieve, el frío y entre ruinas, es un poco lisérgico. Pero hay cierta relación entre la rudeza de Rocco y esa ciudad de montañas negras, las más altas de Europa, de fuertes militares que, más que una bienvenida acogedora, parecen expulsar al que llega.

P.: ¿Buscó que Rocco fuera la contraparte del comisario Montalbano?

A. M.: Montabano es un buen tipo, Rocco un hijo de puta. No creo en los personajes impolutos, transparentes. Me interesa la parte oscura de la condición humana. Rocco dice siempre la verdad, pone su parte oscura sobre la mesa. Es un policía, y no creo en un policía incorruptible. Cuando la serie de Rocco comenzó a emitirse por la tele, por RAI 2, dos políticos de derecha protestaron porque Rocco fuma marihuana. Les molestó el porro pero que Rocco robara no les pareció mal. Tras cada episodio hubo policías que llamaron al productor para elogiárselo. Cuando salió la primera novela tenía temor por lo que podía suceder. Me llegó un mail del comisario de Aosta: me divirtió mucho, venga a verme por la comisaría. ¿Mejor en un bar a tomar un café? Hasta hace unos años nada se sabía de Aosta, ahora sale en los diarios por mafia, muertos, políticos arrestados por corrupción, y hay quienes piden a Rocco Schiavone, creen que existe, que lo tomé de la realidad. Para mí crear el personaje fue lo primero, estaba seguro de que cuando lo tuviera me contaría sus historias.

P.: ¿Fue humanizando a Rocco libro tas libro?

A. M.: Al principio era terrible, asesino, ladrón, drogadicto. Amigo de chorros y narcos. Cuando mi mujer leyó el primer libro lo cerró y me dijo: voy al abogado a pedirle el divorcio. Lo revisé un poco. En el fondo uno comprende la violencia de Rocco cuando trompea a ese que le pega a su mujer, deja sangrando en el piso a un pedófilo o saquea a un usurero. Rocco se fue calmando un poco. Pero las cosas que le hinchan las pelotas siguen siendo las mismas. En más de un caso son cosas mías que le transfiero a él. Pero él pone en primer lugar los crímenes que debe enfrentar.

P.: ¿Qué delitos lo llevan a escribir y a Rocco a actuar aunque no tenga ganas?

A. M.: La violencia gratuita sobre alguien débil. Robar al Estado, que es robar a la gente. La impunidad. La venalidad periodística. Los privilegios sociales que consiguen justificar de contravenciones a crímenes. Los poderes de la mafia desde la cárcel. Que un par de africanos vayan presos por robar en un supermercado y que Berlusconi y los miembros de la Pe Due sigan tan campantes. Hay cosas que son indigeribles. Los italianos sienten que no hay sanciones reales porque a cierto nivel nadie va a la cárcel. La corrupción es una peste que recorre los países de habla latina y lo peor es cuando los corruptos se presentan como seres impecables.

P.: ¿Ser actor, director, guionista, lo llevó a una escritura cinematográfica?

A. M.: Nací en 1964 bajo el dominio de la imagen más que de las palabras. Hice teatro muchos años y ahí la palabra es esencial. La labor del narrador se suma a la del dramaturgo y el director; pone las palabras, las intenciones, la escena y las acciones. Yo quería escribir teatro. Cuando presenté una obra el director me dijo: esto es una novela. Me gustó. El teatro y el cine me enseñaron la importancia del ritmo, la percepción del instante en que hay que transformar el relato. Salvo que se sea Proust o Bernhard y se elija la alta literatura. En mi caso cuando era joven me gustaban Ellroy, Hammett, Chandler, Izzo, Vázquez Montabán.

P.: ¿En que está trabajando ahora?

A. M.: En diciembre pasado salió "Pulvis et umbra" ("Polvo y sombra"), sexta novela de Rocco Schiavone. Me gustaría pasar a otra cosa, pero no puedo. Cuando se tiene un éxito no se puede hacer como si no pasara nada. Los lectores y los espectadores de la serie reclaman continuidad. No se deja fácilmente a un amigo como Rocco. Supe que debía dejar de hablar con el fantasma de su amada mujer asesinada. Es lo que hizo en la última novela, cuando dijo: bueno, es hora de empezar a vivir. Tendrá que elegir entre alguna de sus amantes. Tendría que domar un poco su ferocidad, su cinismo, sus sarcasmos. Tendrá que resolver delitos que le dan asco. Tendrá, por ahora, que seguir.

Dejá tu comentario