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Cupones bursátiles
Pero el hombre que se reunió con varios Premios Nobel, desprendidos del foro que se organizó en Europa con muchos premiados (que no consiguieron llegar a ninguna solución, o respuesta fiable, para desatar el nudo que prevalece), también dejó algunas otras apostillas.
Por ejemplo, que «los mercados financieros son incapaces de autorregularse, necesitan más regulaciones». Algo que resulta obvio, en ambas partes de la oración, porque no hay modo de «autorregular» la codicia.
Y que, pasado al idioma simple de lo doméstico, no se puede dejar a los zorros cuidando el gallinero.
Lo de siempre, en tal aspecto, habría que decirle al ministro alemán: por qué ahora surge con semejante pedido de «regular» y cuando los mercados estaban en plenas alzas del ciclo, nadie reclamaba nada. Y tampoco criticaban a los operadores de mercado.
Nos quedamos con las frases del párrafo inicial, que transcribimos en la columna y que la consideramos totalmente acertada. Una excelente conclusión sobre los distintos tiempos que se utilizan en el mercado, respecto de la que quieren -o necesitan- manejar las economías y los países. Pero es que los mercados poseen una fórmula para asociarse a los tiempos requeridos: es «el adelanto». Lo normal es que vayan por delante, no por detrás de los hechos que concretan los gobiernos. La única cláusula tácita que contiene tal válvula, para poder oprimirse, es que las políticas otorguen certezas, sobre tumbos tomados. Soluciones que resulten de fondo, creíbles, entonces la tendencia se da vuelta de inmediato.
Pero, como siguen en las tinieblas y sin saber qué hacer con los problemas que tienen, el mercado descree -con razón- de la eficacia, habilidad, brillantez de los que hablan. Y hasta ahora, en lo que va de 2011, tuvieron toda la razón. Simple.


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