Dentro de lo estadístico, que cuesta mucho llegar a explicar -pero los números son rotunda evidencia-, tenemos registrados al mes de agosto -desde 1991 a la fecha- con 13 ejercicios dando pérdidas en el Merval, por solamente 6 con aumentos. Y si vamos más atrás en el rastreo del paso de agosto, obviamente que se encuentra uno de los «cracs» más duros del historial -el de 1976- y sin llegar tan lejos, después del «boom» bursátil de 1991, cuando vino el proceso de la «convertibilidad», todo se derrumbó en 1992 y dentro de tal ejercicio el camino al abismo lo encabezó el porcentual de agosto, que se deslizó casi un 22% en el octavo mes. Por eso, decíamos en comentarios sobre el «balance del mercado» (de páginas anteriores) que existe una equivalencia entre nuestros temidos tránsitos por agosto, como lo es para Wall Street enfrentar sus fantasmales meses de octubre. Se han ensayado muchas explicaciones, básicamente en torno al historial del Dow Jones, pero nada quedó en firme para darle una justificación racional a los deslices que se producen en los pisos de octubre. Acaso se trate de los temores que generan, por sí mismos, las condiciones de debilidad que después se ven concretadas en las operaciones. Cabe acotar que otras «implosiones» de agosto en nuestro mercado local fueron por propio peso, excesiva madurez, una exuberancia que se fue de largo. En este caso, solamente se vio como uno más el Merval, dentro de un convoy global que marcó serias bajas para todos.
Obviamente, se suele decir -con razón- que al muerto no le interesa demasiado qué arroja la autopsia que le efectúen. Y los inversores, y sus carteras, solamente saben que se perdió en gran forma durante el octavo período (al tiempo que el dólar subía de nivel y el oro volaba a sus récords). En términos reales, al cotejar contra cualquier alternativa de colocación de dinero el rebaje nominal del casi 11 por ciento en el Merval resulta bastante más agudo.
Pero también saben los veteranos inversores que si hay alguna opción que puede devolver lo que se ha quitado es, justamente, la misma Bolsa. Más carga de paciencia que de cualquier otro elemento es lo que debe llenar las carteras en acciones. Sin tiempos definidos, atado todo al contexto que le genera las causas -economía y política global- el mercado hallará el tiempo del desquite. Tiempo, el factor más esencial dentro de lo bursátil.
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