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Cupones Bursátiles
Casi es para creer que sí hubiese sucedido, lo que no deja de constituir un aspecto totalmente grotesco. Que llega al ridículo, cuando se sabe que eso mismo impregnó a todos los índices globales de Bolsa, en el cierre de la semana. Llevado a la mínima expresión: unos miles en más, o en menos, de puestos de trabajo -en cientos de millones de personas, de toda región- resultan los dueños de una jornada bursátil en el mundo actual.
Salvo mejor opinión, u oposición a esto, lo calificamos como quedó dicho párrafos arriba. Esto no es «globalizar» los mercados, al menos no parece ser
el espíritu original de la expresión, solamente es dar vida plena al llamado «efecto mariposa», donde el simple aletear de una de ellas en alguna zona del mundo es capaz de crear ondas expansivas inmediatas en todo el resto de los participantes. Para agregar algo al viernes, que se disfrazó de «lunes» y
lo hizo de modo acabado, puede decirse que otros datos del día mencionaban a Grecia como pasible de «no poder cumplir los acuerdos». Y vaya novedad...
Parche a parche, verso a verso, los políticos influyentes colocan «compresas frías», que solamente duran un instante. Una cosa es hacerlo para un resfriado, pero otra es combatir la «malaria» con el mismo sencillo recurso doméstico. Todos sabían y saben que Grecia no está atacada de un resfriado, tiene una enfermedad más grave. Que no debería generar ni la mínima reacción de asombro, a menos que los que hoy operan en mercados resulten tan «chambones», como se han visto por aquí (cuando existían los «fondos pensión»).
Para el comentario sobre el jueves, decíamos: muy poco y muy malo. Una conjunción nefasta de precios cayendo y negocios que, a pesar de arrugarse a los $ 21 millones, no poseían «contrapartida» de demanda disponible. Para peor, ahora nuestras autoridades han averiguado que muchos se pasan de «plazos fijos» a dólares (cansados de hacer el papel de benefactores, con tasas tan bajas) y han dado luz verde para mover un poco el ambiente. igualmente insuficientes, al medirlo en términos reales y con la inflación que se consuma, acaso resulte otro factor de reticencia: no sólo para el dólar, sino
-como efecto colateral- para restar capital a lo bursátil.


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