Decíamos, como al pasar, unos días atrás -y al realizar comentario sobre una compañía cotizante- que resultaba un tiempo curioso el que se vive y en relación con la política «de repartos» de las empresas. No se reúnen evidencias de que soplen buenos vientos globales, como para entender que la economía en el mundo responda a conceptos de ser expansiva, creciente, confiable. Los años de aceleración común, que se vivieron en buena parte de la década anterior y hasta la explosión de la crisis, todavía están buscando a los «iluminados» que le encuentren un remedio. Nada es estable, todo está en flotación -más bien hacia abajo, que hacia arriba- y la actitud empresarial tradicional, ante tales turbulencias, siempre era la de retener beneficios en «reserva». Y abonar dividendos totalmente en acciones, o bien, acompañados con mínimo en efectivo. En el otro extremo, el inversor «estándar» que representa a los minoritarios, siempre ha sabido que en tipos de mercado como el nuestro se tienen muchas chances de ganar por diferencia de cotizaciones más que por ingresos por renta. En la zona media quedan las llamadas «carteras institucionales» (en el presente, la que posee ANSES es modo indudable, la más poderosa) y allí sí que cuando hay pagos de dividendos en efectivo, las cifras que se cobran toman color. Pero, la tónica que se aprecia -en general- es ver una política a dispersar dinero y en sociedades que están bien fondeadas, y con cierto buen presente y futuro, como en otras donde se camina sobre la cornisa de poder tener pérdidas, donde las condiciones varíen en contra por algún lapso.
Puede haber hipótesis varias, acerca de tal política general de los directorios -y las mayorías- a repartir lo que hay en «acumulados». Presiones sobre éstos ya se han visto, en especial de parte de representantes de las arcas oficiales y con el caso emblemático en Siderar. Pero hay muchos otros donde suena a voluntad propia hacerlo, sin que existan posibles presiones en sus asambleas.
No es favorable para el inversor común tal tendencia, mucho más lo que es que se otorguen acciones y tener ganancia «de mercado» en la nueva paridad.
El mismo caso -Siderar- es evidencia: adecuar su ridículo capital, otorgando acciones, le daría mucho más vuelo que dispersar efectivo. Y, además, como acción: sería lo aconsejable. ¿Qué lo impide?
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