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Cupones bursátiles
Pero lo que se sigue viendo desde hace varios años ya es que aquello que arrancó siendo un gran escándalo del sector bancario de Estados Unidos pasó a segundo plano al enterarse el mundo de que la corrosión había perforado las columnas básicas de las naciones. Y que ello no estaba focalizado en algún país, sino que el mal se extendía y hasta hacerse epidemia. En una mezcla de novedades espantosas, que unidas a lo largo de los meses informan de los banqueros movidos por la codicia y sacando partido de reglas muy fáciles de manejar. De mezclar lo bancario con lo bursátil para armar una tremenda pirámide carente de mínima solidez. Y de gobernantes que se sumaron al festival, haciendo de sus administraciones un concierto de audacias sin límites, pretendiendo que en algún punto los demás llegarían al rescate. Pero resultó que casi todos eran «los demás», que también iban mostrando sus miserias. Y, para colmo de males, sin poderse contar en esta época tan avanzada en tecnología, en instrumentos, con reales mentes brillantes para poder dar con una salida eficaz. Rematado el concepto cuando un foro de economistas, premiados con el Nobel, reconoció con franqueza que no sabían de qué modo se podía salir de esto.
Las Bolsas, cumpliendo con su primer mandato de reflejar lo que transcurre en su torno, simplemente están aferradas a su misión. En general, porque hay casos -y en especial el Dow Jones- que no se entiende bien en qué puede amparar un nivel de resistencia alejado del resto y que hasta lo coloca, por momentos, en positivo en el ejercicio. Pero también se sabe que allí conviven los mayores «hacedores» de mercado, como también la élite de los pillos, que puede hacer la «alquimia» de mostrar al plomo como oro. Cuando cualquier noticia menor les da una punta para tejer la idea de que ello es para festejarlo. Todos los días hay que comentar al mercado. En el fondo, la verdad está a la vista y es sólo una...


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