7 de octubre 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

El miércoles se volvieron a dispersar los mercados bursátiles, abandonando el espíritu de «manada» y buscando sus resultados particulares. Que en Europa fueron los más brillantes, que se adelgazaron bastante al traducirse en el Dow Jones. Y que al ingresar al Mercosur parecían haber recibido lavandina, donde el índice de San Pablo se movió muy tibiamente al alza. Y en el Merval se produjo un repunte «con bemoles» a partir de un saldo en cotizaciones -del uno por ciento- que se hizo con volumen en contracción. Y bajando unos $ 25 millones de efectivo, desde los $ 70 millones que se reunieron con mercado en baja. Desde el ángulo de la simple observación con principios clásicos no se trató de una rueda convincente la local. Y dejó flotando el avance para sumarse a lo importado, con pérdida de órdenes y siendo la oferta la hacedora del leve rebote que fructificó.

Ruedas como para pasarlas más tranquilos, tomando una bocanada de oxígeno, pero que no permite alejarse de las trincheras. Porque Europa dio medidas en dirección a los bancos -y su exposición a la deuda de Grecia-, mientras en la misma jornada los griegos en las calles, sumamente alterados, libraban una guerra contra la Policía. Se dejó en segundo plano la reducción de calificación a Italia, utilizando los operadores cualquier novedad que tuviera envoltura de positiva. Sabe el lector -porque lo decíamos en época en que el Merval cayó a sólo 900 puntos- que consideramos a esta zona del ciclo como la de compra y no de venta. Y de no ser ninguna de ambas, precisa para depurar carteras y dedicarse a acumular valor, prestigio de empresa, rubros poco expuestos a reflejos de lo que suceda en el exterior.

Pero las evidencias y lo que se advierte hasta hoy en el conflicto global que se vive es que no hay remedios que puedan ser efectivos de inmediato. Y que el curso por delante resultará un permanente esquivar las zonas de minas, matizado por tramos que permitan un descenso a las duras golpizas.

En el ámbito local aparecerán también esos desarrollos donde surge la incursión estratégica, de grandes carteras que oprimen los botones que mayor peso transmiten al índice ponderado. Obviamente, el lector advertido tiene que tomar nota de tales características para saber que lo inducido es solamente un éxito pasajero. Nada, ni nadie, puede oponerse a la tendencia por sí mismo. (Mejor dicho, cualquiera puede, pero lo juntan con cucharita).

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