25 de octubre 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Y siempre será igual, cuando deberá ser a la inversa en la imaginación. Están analizando de qué modo colocar gravámenes a las transacciones financieras, al mismo tiempo están redactando una serie de regulaciones para frenar los desvíos, etc., etc. Y esto sucede cuando los mercados están... cuesta abajo. Que es el tiempo en el que los gobernantes se irritan, los funcionarios de los gabinetes quieren demostrar que «hacen algo» y serán rigurosos. Más allá, algún atribulado ministro de finanzas que ve de qué modo el dinero sale como agua y procura inventar imposiciones, sobre sectores que «la gente verá bien» (que se haga).

En cambio, cuando todo desborda de euforia y los verdaderos desatinos y desvíos se producen, se muestran a los índices de los mercados con el orgullo de que están respaldando las gestiones de Gobierno.

Así es que, cuando la «señora Bolsa» devora y devora, se cae al suelo de la celulitis y los rollos de una tendencia desaforada: todavía se la fogonea y alienta más, desde todos los que emiten señales de peso. Las «calificadoras» también son mimadas y llamadas a que les coloquen una hermosa categoría a los títulos de deuda, pero resultan las grandes villanas enemigas si después de las malas administraciones tienen que rebajar los casilleros. Ahora, con mercados famélicos a lo largo de 2011, amenazar con gravar, o con apretar la cuerda sobre el cuello con normativas es como extraerle sangre a un anémico. Y si casi nadie puede negar que se precisan marcos bien definidos. Que se tienen que quitar los instrumentos que más se prestan para organizar esquemas destinados a llevar los riesgos hasta un punto del no retorno. Y después, dejar que la explosión convierta todo en tierra arrasada.

Lo más increíble es que desde el estallido de la crisis, en Estados Unidos. Desde ver a un Obama vociferando contra bancos y banqueros, prometiendo severos escarmientos, todo se fue deslizando sin que se produjera un alumbramiento de nuevos marcos y disposiciones, como penalidades concretas a los responsables y como si sucediera tras el estallido de la «Gran crisis» (en 1928). Origen del sistema de Comisión de Valores. Separación de funciones entre la banca y los mercados, etc. Sabido que, con el tiempo, en especial en los 80 todo el marco regulatorio se fue ablandando y hasta concluir por perderse, casi totalmente. Si no se obra seriamente en la prosperidad, no sirve quejarse en la desgracia. (Y en eso estamos...).

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