17 de noviembre 2011 - 00:00

Cupones bursátiles

Al menos, entre tanto discurso trillado y nostalgias por las teorías económicas de antaño, hallamos un breve reportaje -en Ámbito Financiero del martes- donde lo expresado invita a ser leído. No huele a naftalina y posee perfiles para la discusión, pero lo dicho escapa a los remanidos mensajes de molde.

Se trata del economista norteamericana Joshua Rosner, que posee en su legajo marketinero ser otro de los que «predijo la crisis de 2008». La frase, que con habilidad periodística el colega Ignacio Ros utilizó de título, posee todo el intenso anzuelo para que el lector no siga de largo. Y es la que dice «los mercados son más grandes que los gobiernos...», (la idea completa se integra cuando la referencia a los controles, que pueden colocar los países, es rematada con: «Los controles siempre fallan, porque los mercados son más grandes que cualquier Gobierno. Y terminan doblegándolos...»). Nos sumamos a la afirmación de Rosner y se nos ocurre agregar que la explosiva globalización ha creado un solo frente y accionar de mercado, en tanto no hay modo de «globalizar» a los distintos gobiernos. Estos deben atender a diversos objetivos, desde lo político, a lo social y económico. Los mercados poseen uno solo: hacer dinero. Y los mercados no tienen piedad.

Pero, otras frases llamativas dejó el economista. Como al referirse a la lenta recuperación de Estados Unidos adoptó la figura de: «En la fiesta de los feos, seguimos siendo el más lindo...». Ingeniosa, aunque habría que marcarle que la tal fiesta de feos se generó desde su país, doblemente grave por no cumplir con los deberes y el rol que cabe al líder del mundo. En el aspecto de la desaceleración económica, Rosner apuntó lo siguiente: «Los únicos que creen que el plan puede funcionar son políticos o burócratas que piensan en controles de capitales...».

Se sumó a las críticas sobre las «calificadoras», cayendo en tal sentido sobre que: «Históricamente, siempre llegan tarde...». Apreciación que deja de lado lo esencial. Y es que tales entidades de calificación no son más que un instrumento de medición de virtudes, o desvíos. Pero que, en realidad, los que suelen llegar tarde son los gobernantes y los hacedores de los gruesos dislates administrativos. Han pasado a resultar uno de los escudos que utilizan los verdaderos responsables, haciendo creer que las «calificadoras» son causa de los males. De todas formas, la idea-fuerza del título, es una excelente descripción de la relación de poderíos, entre mercados y gobiernos.

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