30 de enero 2009 - 00:00

De cómo hacer buen cine cruzándolo con el teatro

Con mínimos elementos, «Roud Muvi» es un logrado ejercicio a la vez teatral y cinematográfico, con tres caracteres típicamente nuestros, y a la vez universales.
Con mínimos elementos, «Roud Muvi» es un logrado ejercicio a la vez teatral y cinematográfico, con tres caracteres típicamente nuestros, y a la vez universales.
«Roud Muvi» (Argentina, 2009, habl. en español). Dir.: A. Welsh y D. Smith; Int.: M. Muravchik, L.
Invierno, D. Smith, N. Taffarel, A. Nazar.

Bienvenida curiosidad, he aquí un experimento a la vez teatral y cinematográfico, un trabajo independiente de veras, ajeno a los subsidios oficiales, y, por último y no menos importante (al contrario), he aquí un buen estudio de tres caracteres muy típicamente nuestros, y a la vez universales.

Presentado una vez por semana, los sábados de noche, en El Camarín de las Musas (ahora también sala de cine), podría suponerse que es tan sólo el registro en video de una experiencia teatral, como esas que suele haber, y que con deplorable nivel sonoro, escasa luminosidad, y desafortunados puntos de toma, dejan apenas una pálida y generalmente desacertada idea de la puesta original. Por el contrario, se trata de un auténtico relato de cine, con eficaz y apropiado empleo de diversos encuadres, cortes directos, elipsis, pantalla dividida, sonido, e incluso subtítulos, que primero fueron puestos «por las dudas», pero después se aplicaron también para señalar algunos monólogos interiores, lo cual hasta permite un chiste muy sutil, cuando se espera leer el pensamiento del personaje más inocente (por no decir otra cosa) de la historia, y la banda de subtitulado desfila vacía ante nuestros ojos. Ello nos obliga a levantar la vista, y descubrir ese pensamiento en sus ojos, que están casi en primer plano. Sólo que al pobre personaje no le salen las palabras.

Al mismo tiempo, todo lo que ocurre ante la cámara es teatro. Los recursos actorales, el espacio escénico (similar al propio espacio donde se proyecta la película), la utilería mínima que se transforma según necesidades y convenciones, y hasta un actor-comodín que representa sucesivos personajes con los cuales han de cruzarse los protagónicos. También, los sonidos fuera de campo/detrás de bambalinas que se escuchan, para dar sucesivas ambientaciones de tiempo y lugar, así como los micrófonos a la vista, y las luces significando el paso de unos autos que no se ven.

Se pone el artificio deliberadamente en evidencia. A lo largo de 74 minutos se juega con él, se lo mezcla, se lo incorpora. Y, como corresponde, termina en segundo plano. Lo principal, ya está anticipado en el subtítulo: «Un film acerca del significado de la palabra 'familia'». Y está planteado con ese solo espacio, prácticamente vacío, por donde caminantres artistas, encarnando unos personajes realmente muy bien observados e interpretados. Maia Muravchik es la inocente, pobrecita infeliz de buen corazón pero no tan estúpida como parece, Dennis Smith el hermanito del medio, con vocación de artista, condescendiente, a veces firme, pero no terminante (asimismo es el guionista, codirector, coeditor, y coautor del tema central, todo con buena mano) y Lourdes Invierno la hermana mayor, mandona, dominante, demandante, con título universitario y paciencia mínima. Juntos, los tres hermanos de la historia patean rumbo a Luján, sin vocación, sin mayor cariño hacia el padre por el cual viajan, y sin tener nada de qué hablar, pero esto último, porque en realidad tendrían demasiadas cosas que decirse. Ya sabe uno cómo es eso, y cómo pueden resolverlo tres actores. En este caso, la resolución es prácticamente cinematográfica. Y la experiencia vale la pena.

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