10 de diciembre 2013 - 00:00

Dejó un mensaje de paz y unidad

Nelson Mandela entrega la copa del Mundial de rugby de 1995 a Francois Pienaar, capitán de los Springboks, mientras todo el estadio lo ovaciona.
Nelson Mandela entrega la copa del Mundial de rugby de 1995 a Francois Pienaar, capitán de los Springboks, mientras todo el estadio lo ovaciona.
Con el rugby viviendo sus días de balance post-temporada, es inevitable dado su fallecimiento la semana pasada referirse a Nelson Mandela, una de las figuras más trascendentes de la humanidad, quien encontró en el rugby una forma de trabajar por mejorar su país. Esto terminó siendo un enorme mensaje de paz y unidad para toda la humanidad.

Mandela sufrió como toda la población de color de su país natal, Sudáfrica, la desagradable política del Apartheid por la que perdieron la mayoría de sus derechos básicos durante más de cuatro décadas. Abogado de profesión, se convirtió en sus años mozos en líder de una oposición que poco pudo hacer por revertir esa política de Estado que atentaba contra todo vestigio de humanidad.

Hallado culpable de un acto de terrorismo -cuando las palabras no alcanzaron debió sumarse a la lucha armada- estuvo preso durante 27 años. En la década del ochenta, cuando el resto del mundo finalmente cayó en la cuenta de las atrocidades sociales en Sudáfrica, Mandela fue instalado como héroe de la lucha en contra de la opresión blanca.

La presión internacional forzó cambios en el país y le abrió la puerta de la cárcel a Mandela y muchos otros presos políticos. Volvió a la vida pública y en vez de devolver tantos años de castigo con más dolor y lucha, optó por un cambio, por trabajar en la reconstrucción de una Sudáfrica justa, sin barreras de color, en paz.

No fue sencillo; a pesar de su avanzada edad fue elegido presidente en 1994, un año antes del Mundial 1995, primera vez que Sudáfrica podía competir en esta contienda. Históricamente asociado a la sección blanca de la población, los Springboks representaban para muchos no blancos el antiguo régimen del Apartheid. Hubo duras posturas políticas para que perdieran, como mínimo, un nombre que habían acuñado en 1906. Mandela se opuso y convenció a los mas belicosos para mantener el apodo. No quería que los blancos perdieran algo tan valioso.

Con un país al borde de una gran crisis social, el arranque de aquel fabuloso e inolvidable Mundial vio a Mandela salir al campo de juego del estadio de Newlands ante el caluroso canto de "Nelson, Nelson, Nelson...", en boca de la gran mayoría blanca. A pesar del fuerte impacto de aquel momento no se volvió a ver al mandatario en un tema relacionado al rugby o al Mundial hasta la final. Casualidad o estrategia, difícil de saberlo. Sea cual fuere, funcionó.

En la víspera del último partido, en un rally político en Durban, instó a sus seguidores que apoyaran al seleccionado que disputaría el cetro contra su eterno rival, Nueva Zelanda. Pudo también convencerlos de que la Nación Arco Iris dependía de todos.

Esa gloriosa tarde salió al campo de juego vestido con la casaca de los Springboks. Algo común en los hinchas de rugby fue un enorme gesto de parte de Mandela, un mensaje claro y contundente de unidad. Ganó su equipo y el rugby tiene para siempre su foto mas emblemática: Mandela entregando la Webb Ellis Cup a Pienaar.

En ese momento, en ese lugar y dadas las circunstancias, Mandela consiguió convencer a su pueblo de que se podía vivir en paz y armonía.

Dejá tu comentario