17 de septiembre 2015 - 00:00

Del golpe de la periodista a una nueva vida

Osama Abdul Mohsen y su hijo Zaid llegaron ayer a Madrid luego de que su imagen cayendo al suelo por la agresión de una periodista húngara recorriera el mundo.
Osama Abdul Mohsen y su hijo Zaid llegaron ayer a Madrid luego de que su imagen cayendo al suelo por la agresión de una periodista húngara recorriera el mundo.
Madrid - Después de que su imagen diera la vuelta al mundo al caer al suelo con su hijo en brazos por la zancadilla de una periodista húngara, el duro viaje a Europa del sirio Osama Abdul Mohsen tuvo un final feliz: ayer comenzó en Madrid una nueva vida como entrenador de fútbol.

Su historia, publicada por el diario español El Mundo, llamó la atención del director de una escuela de entrenadores de ese deporte en España, quien le ofreció la oportunidad de incorporarse a su plantel en la capital española.

El fútbol ya había marcado sus vidas. Osama llegó a entrenar a un equipo de primera división en su país y uno de sus hijos quería ser "el Messi sirio", pero la guerra irrumpió en sus planes.

"A raíz de leer el artículo, surgió la idea de ayudarlo. Fue todo muy rápido. Como teníamos el obstáculo del idioma, un alumno de la escuela que habla árabe se ofreció a colaborar", explicó ayer el responsable del centro de formación de entrenadores, Miguel Ángel Galán, precandidato a la presidencia de la Real Federación Española de Fútbol.

En Getafe, localidad madrileña donde se ubica la escuela Cenafe, Osama y su familia tienen una vivienda a su disposición y, si todo sale según lo previsto, el sirio se incorporará pronto a su puesto como entrenador.

La historia de este ciudadano sirio se hizo pública después de convertirse en protagonista involuntario de una imagen que escandalizó a Europa en el marco de la llamada crisis de refugiados: la de una periodista húngara, Petra László, agrediendo a los desplazados cuando trataban de zafarse de la policía.

"La patada de la periodista fue inquietante y dura... Mi sensación fue de sorpresa. Y después dolor, cuando vi el miedo y el pánico en la cara de mi hijo", relató el refugiado.

El exentrenador sirio, de 51 años, puso rumbo a Europa con toda su familia. Pero tras una primera escala en Turquía, donde dejó a su esposa y dos de sus hijos, siguió el camino hacia la ciudad alemana de Múnich junto al pequeño Zaid, de siete años. Allí se reencontró con otro de sus hijos, de 18.

Agencia DPA

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