30 de enero 2009 - 00:00

Después de "Aguas", los clowns de Katz juegan con "Aires"

Marcelo Katz explica que para encontrar un equilibrio entre la locura y la poesía, de las 25 personas que trabajan en sus espectáculos diez aparecen en escena y el resto son técnicos, inventores, realizadores.
Marcelo Katz explica que para "encontrar un equilibrio entre la locura y la poesía", de las 25 personas que trabajan en sus espectáculos "diez aparecen en escena y el resto son técnicos, inventores, realizadores".
«La obra se desarrolla al aire libre, en el patio del aljibe del Recoleta, entonces a veces suenan las campanas, pasa un avión, cae una hoja de la palmera o una paloma deja caer otra cosa. Y yo les digo a los clowns que no se hagan los tontos y que aprovechen todo, en la medida de lo posible claro, no recuerdo qué hicieron con lo de la paloma. Porque el clown nunca tiene una función igual a la anterior, siempre es diferente, más cuando juegan de este modo las condiciones climáticas», dice Marcelo Katz, creador del espectáculo « Aires», que desde este fin de semana se reestrena en el Centro Cultural Recoleta. Nieves y tornados, fuelles y ventiladores, secadores de pelo y aspiradoras, burbujas humeantes, sorbetes voladores, molinillos y pájaros de papel (además de los reales que generan imprevistos «aprovechables»), son parte de los elementos que surgen de la experimentación para esta obra de clowns. Dialogamos con Katz.

Periodista: Primero fue «Aguas» ahora es «Aires» ¿con qué elemento se completa la trilogía?

Marcelo Katz: El fuego es más complicado así que lo que viene es «Tierras». Mientras «Aguas» y «Tierras» son espectáculosde nuestra escuela, «Aires» pertenece a nuestra compañía, es un show más profesional, aunque en todos los casos fomentamos la investigación. Somos muy amantes de experimentar con materiales y nuestra forma de ensayar es muy particular, porque si bien yo armo una ensaladera de ideas, todo se encamina y define en el campo de juego. Se trata de horas a probar, elementos, ideas, textos, materiales. Teníamos 200 ideas iniciales que depuramos y dejamos en 60.

P.: ¿Qué clase de ideas?

M.K.: Uno de nuestros inventores trajo la noticia de que en el conurbano había un tipo que trabajaba con determinados gases. Gastamos 700 pesos en comprar un kilo de un gas muy pesado, construimos una pecera para meternos dentro y queríamos que ese gas que nos llegaba por las rodillas tuviera cierto efecto junto con barcos de papel que flotaban en el gas. Era lindo pero el gas se fugaba por los intersticios. Llegamos a invertir 1500 pesos. Y uno se detiene y evalúa si seguir gastando o frenar. Como la plata es nuestra no podemos derrochar aunque llevamos gastados treinta mil pesos, mucho para un espectáculo independiente.

P.: ¿Qué idea destaca de las que quedaron?

M.K.: Muchas. Por ejemplo, usamos un secador de pelo, tiramos bolsitas de supermercado y el secador hace de turbina y las hace flotar. Los clowns juegan con las bolsas que primero son cinco pero terminan siendo como veinte. Se arma como una fuente de bolsas volando, hasta que llega el opuesto que se las chupa, una aspiradora, que termina absorbiéndolo todo, la ropa de los clowns y hasta a ellos mismos.

P.: Pero no se trata de puro delirio sin coherencia, ¿o sí?

M.K.: Claro que no. Durantemeses anduvimos caminando y pensando, mirando en Internet y buscando todo lo que pueda aportar al tema. Contamos con un equipo de 25 personas que trabajan, 10 aparecen en escena y el resto son técnicos, inventores, realizadores. Buscamos armar un equilibrio entre la locura y la poesía. Nuestra manera de contar es lo lúdico con imágenes oníricas, que por momentos genera mucha risa y otras veces inspira al viaje.

P.: Aparte de aviones y palomas ¿tiene ventajas presentarse en el Patio del Aljibe?

M.K.:
Que llega mucho público después de visitar las exposiciones del Recoleta, o que pasea por Plaza Francia y nos descubre. El clima es óptimo, verano, el Patio del Aljibe recién arreglado, la obra que comienza en el crepúsculo cuando se pone el sol y transcurre mientras se va haciendo de noche, es decir, se desarrolladurante la hora mágica.

P.: Pasó por teatros oficiales como el San Martín, Regina, Cervantes, ahora el Recoleta y también los privados. ¿Cómo se trabaja en cada uno?

M.K.: Cada lugar es un mundo, cuando se trata del ámbito privado, se facilitan las cosas pues hay más dinero, pero lo cierto es que me siento de teatro independiente, a pulmón, esa es mi realidad aunque haya tenido productores, por ejemplo cuando dirigí a «La troupe» y también trabajé con Diego Ducowsky, socio de Daniel Burman. Lo que varía entre privados, estatales e independientes es también la corriente de público. Ahora tenemos nuestra sala, el Espacio Aguirre, del que salimos al Recoleta porque allí nos ofrecen un espacio óptimo que se adecua a lo que necesitamos.

Entrevista de Carolina Liponetzky

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