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Diálogos en Wall Street
¿Ya no quedan dudas ni temores? Wall Street trepa con un frenesí que se creía definitivamente perdido. ¿Durará? Nuestro entrevistado, el especialista que se refugia en el alias de Gordon Gekko, no lo descarta. Apunta como indicio a la reacción favorable de los mercados ante los pobres resultados que trajo Alcoa en el estreno habitual de la temporada de balances.
Gordon Gekko: Con razón.
P.: ¿No estaremos exagerando?
G.G.: La tozudez de Europa, si no se corregía el rumbo, iba a derribar montañas. Era un destino de catástrofe.
P.: Se entiende la descompresión. Pero la suba prosigue y ya se está apostando a cuenta. Y, por ahora, sólo hay palabras, muchas promesas y nada de acción.
G.G.: Queda claro entonces cuál es la mayor preocupación. Más que los problemas objetivos que asolan al Viejo Continente, lo que genera pavor es la falta de visión y liderazgo. La negación tenaz de la realidad era enfermiza. Por eso, el mero cambio de actitud de la política provoca tanta repercusión.
P.: Se sabe que volverán a surgir las discrepancias cuando haya que definir una política concreta. No hay consenso, por ejemplo, sobre cómo llevar adelante la capitalización de los bancos.
G.G.: No hay marcha atrás posible sin desatar una conmoción. Por eso los mercados apuestan a favor.
P.: Pero pueden equivocarse.
G.G.: Y feo. Seguro.
P.: ¿Tendrán estómago para absorber una decepción?
G.G.: Nadie piensa que los problemas se arreglan con una varita mágica. Ni espera que la política, después de dar tantos rodeos y cometer errores muy gruesos, vaya a acertar en línea recta. Habrá que ir paso a paso.
P.: Supongamos que Europa no incurre en nuevos desatinos, ¿podrá el mundo evitar el «double dip», no deslizarse a una nueva recesión? Los estimadores líderes de la OCDE, confeccionados para escudriñar la marcha de la economía a seis meses vista, no son nada alentadores. Las señales que emiten son propias de una contracción...
G.G.: Mi impresión es que Europa ya cayó bajo las garras de la recesión. Y EE.UU. todavía no. EE.UU. es más flexible y puede escapar indemne si la crisis financiera no recrudece. Es más, los datos económicos recientes marcan un repunte en agosto y septiembre que era muy difícil imaginar como posible.
P.: Todo muy frágil. Más que endeble.
G.G.: No se discute. El nivel de actividad está clavado con alfileres. Pero aun así la evidencia empírica es concluyente: su pulso es más dinámico en EE.UU. que lo que era dos meses atrás.
P.: Hay mucho dato blando en danza. Encuestas industriales, de confianza.
G.G.: Tome el mercado de trabajo. Tiene tres fuentes que son independientes (que, en rigor, son cuatro). Y todas satisfacen el patrón que le mencioné.
P.: Me habla del informe mensual de empleos.
G.G.: A nivel tanto de familias como de establecimientos. Los pedidos de subsidios de desempleo. Y el informe ADP del empleo privado. El dibujo es similar en todos ellos. Se produjo un bache y, posteriormente, un repunte moderado pero visible. Y, sobre todo, no hay nada que confirme una recesión.
P.: Es un milagro.
G.G.: Como sea, se crece muy lentamente, pero se crece, a pesar del chubasco. Si los mercados se entonan en vez de destruirse por la crisis europea, proveerán un buen estímulo adicional. No sería descabellado pensar en una segunda mitad del año más vigorosa en EE.UU. que la primera.
P.: ¿Alcanzará para darle máquina a la suba de la Bolsa?
G.G.: Comenzamos la temporada de balances y Alcoa no arrancó con buen pie.
P.: No importó. Cayó el papel individual, pero la Bolsa no se detuvo.
G.G.: Usted sabe que existe un efecto Alcoa. Que según como le vaya a la acción, le suele ir a toda la Bolsa. Que los inversores lo hayan desconectado es toda una señal acerca de cómo se van a cernir los balances, cuál es el tamiz que se les va a aplicar.
P.: Más generoso que de costumbre.
G.G.: No sería nada raro que haya un margen mayor de contemplación.
P.: Si no fuera así, a los bancos los deberían acribillar.
G.G.: No nos olvidemos que ya se ha hecho una purga preliminar. Ya se pagó el precio del bache. Ahora bien, si es un inconveniente transitorio que la economía está sorteando, resulta lógico que se mire más lo que bailotea en el horizonte que estas falencias puntuales de la hora.
P.: Este año la estacionalidad también jugó un rol de peso. El adagio de vender en mayo pocas veces fue tan certero.
G.G.: Ni que lo diga.
P.: Ya en octubre el tiempo mejora. Comienza a brillar el sol en la vereda. Aunque todavía falta para el primer rally estacional, el Día de Acción de Gracias, entrado noviembre. ¿Cree que la influencia de estas brujerías puede tener algo que ver con la reacción de las acciones?
G.G.: Si no controlaba el volcán que era Europa usted iba a tener un diluvio fuera de estación. Cuando sucumbió Lehman Brothers, a mediados de septiembre, no importó ninguna de estas fechas que suelen ser muy propicias. No hubo rally de Navidad ni «efecto enero». Fue una paliza tras otra. Por eso lo vital es quitar a Europa como obstáculo en el recorrido, que EE.UU. sea capaz de eludir la recesión. Si es así, no lo dude, la estacionalidad va a dar una mano.


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