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Distintas versiones del héroe de Hergé
Imagen de «Tintin y las naranjas azules», que como «Tintin y el misterio del vellocino de oro», fue protagonizada por Jean-Marie Talbot, una de las adaptaciones del comic al cine.
Gran pegada la de Talbot, un petiso guardavidas en la playa de Ostende, no la bonaerense sino la original. El propio Hergé, papá de Tintin, le dio su aprobación y su amistad, y las películas fueron un éxito. Luego el joven se hizo maestro de escuela y ahora ya está jubilado, feliz de seguir recibiendo cartas de espectadores agradecidos y homenajes en congresos de historietistas y tintinófilos. Causa ternura verlo en Youtube, primero jovencito y ahora grande y pelado, sin el jopo pero con la sonrisa eterna. Además responde bien al rostro galo del personaje (el actual parece más british).
Ya clásicos, los largometrajes de dibujos «Tintin y el Templo del Sol» (1969) y «Tintin y el Lago de los Tiburones» (1970) producidos por Raymond Leblanc, adaptados por Hergé y vigilados por la directora de arte Paulette Melloul, que luego estuvo junto a Ray Goossens en los largos de Asterix, Lucky Luke y los Pitufos, todos personajes de copyright belga como Tintin.
Paralelamente, surgieron las series televisivas de dibujos. La primera fue en episodios de 5 minutos, color, hablada en valón, con «De krab met de gulden scharen» y su continuación (1959, Ray Goossens, luego cabeza creativa de Belvision). Más estilizada y con Hergé en el equipo, apareció la serie francesa «Les aventures de Tintin» (1959-64). Hay otra francesa más reciente, de 39 episodios (1991-92, dirección de Stéphane Bernasconi). Y una, mayormente de entrevistas, «Sur les traces de Tintin» (2010), donde gente de India, Congo, Marruecos, etc. cuenta a cámara cuál es su aventura preferida.
Renglón aparte, los documentales sobre Hergé: «Moi, Tintin» (H. Roanni y G. Valet, 1980), de tono cordial, y «Tintin et moi» (Andres Ostergaard, 2003, visto en el Festival de Mar del Plata), donde se mencionan ciertas habladurías contra el papá de Tintin como supuesto colaboracionista y colonialista. Bueno, nadie es perfecto.


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