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El cine teme un triunfo de Trump
“Desierto”, de Jonás Cuarón, es el primer film mexicano-estadounidense “anti-Trump”. En la foto, Jeffrey Dean Morgan como el policía racista, y en segundo plano el fugitivo Gael García Bernal.
El primero de los puntos, el acuerdo Transpacífico (un convenio de doce países asiáticos y americanos, al que Trump tildó de "demencial") afecta también a la industria del cine, incluyendo la protección de los derechos de autor, y comprende a Japón, Vietnam, Australia y Singapur, aunque no a China. "Prefiero no opinar sobre las declaraciones del señor Donald Trump", declaró a la citada publicación Jean Prewitt, presidente de la Alianza del Film y la TV independiente, "pero los términos del acuerdo Transpacífico son muy buenos. A través de ellos hemos llegado a una legislación muy importante en el mercado digital y en tópicos de derechos de autor, lo que permitió que mercados habitualmente restrictivos, como el canadiense y el estadounidense, flexibilizaran sus políticas".
Sin embargo, una preocupación mayor consiste en que un eventual triunfo de Trump podría desatar una guerra comercial: si Washington, en una gestión suya, impulsa la prometida suba de tarifas y otras medidas punitivas, otros países podrían responder con una política de cuotas más altas para la importación de productos estadounidenses, incluyendo la compra, difusión y cuotas de pantalla para películas y series de televisión. China, cerca de convertirse en el más grande mercado cinematográfico estadounidense de ultramar, ha venido flexibilizando sus cuotas para las películas extranjeras, y la cooperación entre compañías de producción chinas y norteamericanas es cada vez más fuerte. Los ataques de Trump a China podrían abortar estos acuerdos. "Trump se perjudica a sí mismo oponiéndose e a China", dijo a The Hollywood Reporter Sunny Sun, distribuidor de Hong Kong. "Espero que no sea presidente porque eso afectará la relación con los países asiáticos. La política afecta directamente a los negocios".
En Europa, donde hasta hace poco sólo se tomaba en broma a Trump, empieza a evidenciarse esa preocupación. Una guerra de divisas, alimentada por los permanentes ataques del candidato al Banco Central Europeo con la meta de devaluar el euro, es vista como una amenaza franca a la adquisición de material audiovisual de los Estados Unidos en el Viejo Continente. Ni hablar, desde luego, de México, país que recibe los mayores ataques de Trump. El director mexicano Jonás Cuarón, hijo de Alfonso Cuarón y coguionista con su padre del film ganador del Oscar, "Gravedad", utilizó el audio de uno de los más infames discursos del candidato, aquel de los mexicanos como "criminales y violadores", para el trailer de su nueva película, "Desierto", en la que Jeffrey Dean Morgan interpreta a un policía racista que persigue mexicanos en la frontera, entre ellos Gael García Bernal. En México, este film está considerado como el primero "anti-Tump".
The Hollywood Reporter publicó las siguientes declaraciones de Cuarón: "Trump está legitimando el lenguaje del odio. Ya no es solamente la 'retórica gringa', es algo que se contagia al mundo entero". El múltiple ganador del Oscar, Alejandro González Iñárritu, también mexicano, coincide en este punto de vista. Recientemente, durante una conferencia de prensa de su film "El renacido", dijo que las palabras tienen mucho poder, y que "palabras similares a las de Trump desataron en el pasado enorme sufrimiento para millones de seres humanos". Pero, además de las palabras, también en México ha salido a manifestar su temor Canacine, la cámara nacional del cine, que ve un triunfo de Trump y las posibles modifaciones que busque introducir en el NAFTA como una catástrofe.
En los Estados Unidos, la mayor parte de Hollywood, como es habitual, muestra sus simpatías por el Partido Demócrata, aunque este año con más intensidad. George Clooney, Ben Affleck, Reese Witherspoon, Barbra Streisand y Steven Spielberg, entre otros, han declarado su apoyo por Hillary Clinton, en tanto que Mark Ruffalo, Susan Sarandon y Michael Moore lo han hecho por Bernie Sanders. Pocos son los que se jugaron por Trump, entre ellos el veterano Jon Voight y dos figuras del deporte, Hulk Hogan y Mike Tyson.


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