- ámbito
- Edición Impresa
El enigma de Kevin Ayers
Renace el interés por el fundador de The Soft Machine
Pese a ser autor de algunos de los mejores temas del rock inglés de los 70 y fundador del revolucionario grupo The Soft Machine, Kevin Ayers jamás flirteó con el estrellato al que aspiran todos los músicos de rock.
Algunos hablan de un autosabotaje sistemático, otros de un temperamento absolutamente libre que implicaba no hacer las giras que le pedía la discográfica luego de editar discos que tenían todo para ser un hit, como por ejemplo «Caribbean Moon», pero en todo caso, lo que quedó es la leyenda de un auténtico rocker que influyó como pocos en la música desde fines de los 60 hasta los 80.
Nacido en 1945 en Kent, Inglaterra, Ayers tuvo una infancia nómade con su familia que lo llevó a vivir en Malasia y España. Pero de adolescente asistió al Simon Langton Grammar School for Boys, un establecimiento progresista situado en Kent, donde se hizo amigo de otros músicos como el baterista Robert Wyatt, luego su colega en The Soft Machine y The Whole World. En esa escuela surgió una mezcla de rock con sonidos del folklore inglés y la libertad del jazz más todo tipo de infuencias literarias en lo poético, que terminó siendo llamado «the Canterbury sound» y que siguió influyendo en el rock inglés hasta bien entrados los años 70, con bandas como Caravan, Camel, Gong, National Health y, por supuesto, The Soft Machine en sus distintas reencarnaciones.
Aún en la escuela, Ayers formó un grupo casi adolescente, The Wilde Flowers, pero pronto se encontró formando uno de los grupos más revolucionarios de la historia del rock, The Soft Machine (llamado así por una novela de William Burroughs) que incluía en su primera formación a Mike Ratledge, Robert Wyatt y el australiano David Allen, que luego formó la banda de culto Gong. Esto ocurrió cuando, luego de un viaje a Francia, las autoridades inglesas no le dieron el visado para volver a Londres debido a su aspecto de hippie, lo que llevó al primero de muchos cambios de músicos en una banda que años más tarde llegó a incluir a Jack Bruce de Cream o al futuro guitarrista de The Police Andy Summers.
En todo caso, la mezcla de estilos, la duración ínfima o larguísima de los temas y la absoluta experimentación musical del primer disco de Soft Machine que traía joyas de Ayers como «Why are we sleeping» o «We did it again», provocó que una de las pocas bandas que podían tocar junto a Soft Machine fuera el primer Pink Floyd liderado por Syd Barrett, y las performances de ambas bandas en el club UFO se volvieron legendarias.
Pero aun antes de que Soft Machine pareciera encaminarse hacia una versión preliminar del jazz rock setentista, Kevin Ayers dejó el grupo para armar una carrera solista donde supo potenciar los ritmos rockeros aparentemente sencillos con canciones que detrás del humor y la ironía se permitían desarrollar la más angustiante poesía. Sin embargo el humor prevalecía aun en títulos desoladores como «Champagne & Valium» o el feroz «Shou-ting in a bucket blues» («el blues del que grita dentro de un balde») .
A principios de los 70 conoció un bajista casi adolescente, Mike Oldfield, y lo incorporó automáticamente enn su banda The Whole World donde tocaban el luego prestigioso arreglador orquestal del rock inglés David Bedford y el baterista Robert Wyatt. Oldfield le pidió prestados sus grabadores de cinta abierta a Ayers y con ellos hizo su famosísima y muy vendida obra conceptual «Tubular Bells».
Ayers tuvo muchas oportunidades de convertise en superastro de rock, pero él mismo aseguró tener un acento demasiado british y civilizado como para que alguien lo pueda tomar en serio como rock star. También hay historias que aseguran que su amor por la buena vida y los paraísos tropicales lo hacían huir al paraje agradable más cercano antes de asumir sus compromisos con las grabadoras. Esta es la única manera de entender que hits en potencia como «Stranger en blue suede shoes» (votada en los 70 como la canción más Stone que las de los propios Stones) no hayan vendido millones.
Su primer disco «Joy of a toy» de 1971 o el posterior «Banamour» son obras maestras que el público nunca paró de redescubrir, y uno de sus momentos de mayor fama fue cuando organizó un concierto junto a Brian Eno y los ex Velvet Underground, John Cale y la cantante Nico. Justamente a Nico y su fervor autodestructivo le dedicó uno de sus temas más estremecedores, «Decadence», donde logra explicar las motivaciones de una de sus grandes amigas.
Ya entrado el siglo XXI, Ayers vivía lejos de todo stress y simulacro de vida rockera, pero una nueva generación de músicos lo convenció de grabar un disco con temas inéditos. El CD «The unfair ground», de 2007, contó con la colaboración de viejos amigos como Phil Manzanera de Roxy Music y su viejo colega Robert Wyatt, además de varias bandas nuevas fans de su música. Los que participaron en ese, su último trabajo, aseguraron que lo que más les llamó la atención fue la preocupación de Ayers por saber si cada uno de los temas realmente valían la pena y merecían ser grabados más allá de su chapa de fundador de The Soft Machine.


Dejá tu comentario