La reunión, conocida como Sínodo de la Familia, podría llevar a la Iglesia a adoptar una posición menos dura frente a divorciados y homosexuales, o no, ya que en el seno de la Iglesia existe una profunda división sobre cómo encarar estos temas.
"Los debates serán el mayor desafío que ha enfrentado el Papa hasta ahora, mucho más difíciles que las reformas burocráticas en el Vaticano, porque tocan cuestiones de doctrina y enseñanzas de la Iglesia", señaló John Thavis, comentarista de temas vaticanos afincado en Estados Unidos.
Bajo el pontificado de Francisco, la Santa Sede no cambió su posición sobre la familia, pero tiende a no enfrentarse y condenar a las personas que se apartan de su doctrina, en tanto que el Papa promovió una discusión especialmente abierta sobre cómo hacer más inclusiva a la Iglesia. Este tipo de esfuerzos generan enojo entre los conservadores, que no creen que se puedan cuestionar los dogmas fundamentales.
Sin embargo, los líderes católicos están bajo presión para actuar debido a la gran cantidad de fieles en continentes como Europa y América para los que es cada vez más difícil cumplir las prohibiciones de la Iglesia en lo que respecta al aborto, el uso de anticonceptivos, el sexo antes del matrimonio, el divorcio y las relaciones homosexuales.
Por el contrario, los creyentes son mucho más conservadores en África y Asia, donde la Iglesia católica está en expansión, por lo que no hay un consenso global sobre las reformas necesarias entre las bases ni en la jerarquía.
El año pasado, una encuesta hecha por el canal Univisión mostró que el 94% de los católicos franceses se oponía a una prohibición sin matices del aborto, frente al 27% de los filipinos. El matrimonio gay fue apoyado por el 64% de los católicos españoles, frente al 1% de los ugandeses.
Un primer Sínodo sobre el tema hecho en octubre de 2014 mostró a los obispos profundamente divididos sobre temas como los divorciados vueltos a casar y los homosexuales, en medio de las propuestas de abandonar la prohibición de la comunión a quieres hayan entablado una nueva relación tras la ruptura de su matrimonio.
Finalmente acordaron volver más sencillo el proceso de anulación matrimonial, el único camino dentro de la Iglesia católica para volver a casarse sin infringir las normas eclesiásticas. El Papa aprobó la medida el mes pasado.
La semana pasada se presentó un llamamiento con 790.000 firmas reunidas en todo el mundo que pide al Papa no hacer más avances y "aclarar la creciente confusión entre los fieles" excluyendo la posibilidad de una mayor apertura a los divorciados y las uniones entre homosexuales.
Los cardenales conservadores Raymond Burke, de Estados Unidos, y Carlo Caffarra, de Italia, también defienden el statu quo. "Queridos (participantes del Sínodo), ¡los instamos a generar una reafirmación integral de la tradición católica!", señalaron en una comparecencia pública.
En el otro extremo, la Iglesia católica alemana lidera los llamados a la reforma. "Hay que encontrar un camino para los creyentes que se han vuelto a casar tras el divorcio civil para que vivan en y contribuyan a la Iglesia", señalaron los obispos germanos hace pocos días.
También los gays exigen un mayor reconocimiento. "Hoy en día, las opciones que nos ofrecen son: vivan escondidos o salgan a la luz discretamente y vivan en celibato. Si el Sínodo no aporta nada nuevo, estaré muy decepcionado", señaló Andrea Rubera, presidente de la asociación gay católica Nuova Proposta.
El Sínodo también debatirá otras amenazas contra la unidad de la familia, como la caída de la tasa de nacimientos y de matrimonios, la pobreza y la migración.
Un documento final reunirá todas las posibles propuestas de reforma, pero como máximo jefe de la Iglesia será el Papa el que tenga la última palabra.
Thavis cree que podría alcanzarse un compromiso. "El Sínodo podría aceptar que el total cumplimiento de todas las enseñanzas eclesiásticas no es un requisito indispensable para participar en la vida de la Iglesia", indica. Los católicos que no cumplen las premisas no deberían ser rechazados sino que hay que darles "espacio" y "llevarlos gradualmente" a la ortodoxia, opinó.
La cuestión más complicada del Sínodo -la comunión para los divorciados vueltos a casar- pasará probablemente a una comisión "que siga silenciosamente la agenda del Papa", señaló Thavis.
El padre Bernd Hagenkord, director del servicio en alemán de Radio Vaticano, rebajó sin embargo las expectativas de una revolución que acabe con 2.000 años de tradición. "No vamos a refundar el catolicismo, eso es seguro", indicó.
| Agencia DPA |


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