14 de enero 2009 - 00:00

"El rumor es una fuente proteica de la escritura"

Autor de una docena de novelas, Gabriel Báñez ganó el PremioInternacional Letras Sur por «La cisura de Rolando», sobre un chicoque no puede hablar y recién lo consigue a los 40 años.
Autor de una docena de novelas, Gabriel Báñez ganó el Premio Internacional Letras Sur por «La cisura de Rolando», sobre un chico que no puede hablar y recién lo consigue a los 40 años.
La Plata - Reciente ganador del Premio Internacional Letras Sur por su libro «La cisura de Rolando», ahora Gabriel Báñez está entusiasmado escribiendo una novela sobre el cadáver de Hitler en la Argentina. Báñez, sin dejar de hacer periodismo, es director de La comuna, la editorial de la Muncipalidad de La Plata.

Entre su docena de novelas están: «Cultura» que describe en diálogo con este diario como «una versión paródica, en miligramos, de la cultura oficial, es la carrera que hace un editor y escritor, un tal Ibáñez (como ve, me agregué una i), que trabaja en una editorial de la municipalidad y que vive los aspectos más estrambóticos de la cultura oficial, que él ve, asume y, también, protagoniza»; «Octubre amarillo», sobre el dentista Barreda; «Los chicos desaparecen», que fue llevada al cine; «Paredón, paredón»; «Hacer el odio»; el best seller «El curandero del cuarto oscuro», entre otras. Varias de ellas están siendo traducidas al francés por la editorial La dernier goutte.

Periodista: ¿Qué está escribiendo?

Gabriel Báñez: Una versión de Hitler en la Argentina. Es una novela que cruza varios géneros. Hay novela pero también ensayo, pastiche, documentos reales, se ofrecen versiones, se cuentan rumores. El rumor me parece una de las fuentes mas proteicas de la escritura. Ofrezco datos históricos contundentes. El punto de partida tiene que ver con la versión, que circuló durante muchos años, de que el cadáver de Hitler había llegado a nuestro país y que, además, estaba en un lugar determinado. En ese lugar yo estuve investigando, y surgió allí una historia novelesca, pero no puedo decirle cuál es el lugar, porque ahí está la clave de toda la historia.

P.: Cuéntenos entonces de qué trata su novela «La cisura de Rolando.

G.B.: De dos momentos en la vida de una persona. Un primer momento es cuando el protagonista, un chico de once años, no puede hablar. Y una segunda parte, un segundo momento cuando, ya adulto, con cuarenta años, logra hablar. Ahí se advierten dos lenguajes, el que parte de su infancia, y el que constituye su vida adulta. Mi novela tiene que ver, entre otras cosas, con el lenguaje, en como pertenecemos y no que el nos pertenece.

P.: ¿Qué va revelando en el relato?

G.B.: Que hay palabras que no se dicen, comunicaciones que están implícitas, otras formas de lenguaje que el chico intenta adoptar para poder comunicarse, pero él es muy feliz sin poder hablar. En esas otras comunicaciones se advierte en parte esa felicidad, aunque todos esos modos alternativos fracasan. Mi novela tiene algo de lo que le sucede al coyote con el correcaminos: intentofracaso, nuevo intento-nuevo fracaso. En el fondo yo creo que todos estamos destinados a fracasar. Pero que no importa delinear el esquema narrativo, la búsqueda de una teoría organizativa, uno escribe y se deja llevar.Y en ese dejarse arrastrar por las palabras hay una medianera donde surgen los conceptos conscientes y los que no lo son, y que tienen que ver con la infancia de cada uno.

P.: Tradicionalmente en la narrativa si un personaje tiene un problema en el habla, eso tiene que ver, finalmente, con un hecho traumático de su pasado.

G.B.: Se menciona que la perdida de la palabra aparece como una manifestación postraumática, pero eso poco tiene que ver con la trama. Para el chico, en un aspecto, es una ventaja dejar de hablar. Pasa así a ser mas importante en el barrio, para los compañeros. La afasia temporal suponen los demás que es un drama, él no. Los discapacitados incomodan a los demás, no a ellos mismos. En ese sentido -emocionalmente, psicológicamente, de algún modo- somos todos discapacitados, pero no lo advertimos.

P.: Explíquenos lo de la cisura.

G.B.: En el cerebro, desde una perspectiva anatómica, médica, hay dos cisuras, la de Rolando y la de Silvio. Los estudios que se le hacen al chico establecen que tiene alguna falla en la cisura de Rolando.

P.: Y su personaje se llama Rolando, ¿ese nombre le apareció antes o después de saber de la descripción clínica?

G.B.: Aparecieron simultanemamente. Al comienzo yo tenía sólo una oración de la novela, el comienzo: escribo porque no sé hablar. Y eso tiene que ver conmigo, yo escribo porque tengo problemas de expresarme oralmente de igual modo que con la escritura. Además, tuve problemas cercanos a los de mi protagonista cuando era chico.

P.: ¿Qué pasa en la segunda parte?

G.B.: A Rolando el habla lo recupera a él (y no al revés) y caen en un «carnaval teórico». Comienza una terapia con un psicoanalista «Lacaniano peronista» (alguien que según declara en la novela sigue «los postulados de la República del Síntoma», y no se refiere a Freud cuando hablo del síntoma, sino a Perón, el único que atacó sin asco las bases del rizoma capitalista»).

P.: Usted ha construido una obra amplia.

G.B.: Pero desapercibida.

P.: Peca de humilde. Ha tenido por lo menos un best seller. Otra novela, la primera que se publica en Francia, llegó al cine. Con «La cisura de Rolando» acaba de inaugurar un importante premio...

G.B.: Mis momentos de más intensa felicidad son durante el proceso de escritura, donde lo que importa es la batalla con las limitaciones, que a la vez muestran algo invulnerable en uno. Todo lo demás es un poco aleatorio. Este premio creo que me permite abrir el juego, ser un poco más conocido. Son los libros lo que hablan por uno. Y empiezan hablándole a uno mismo. En el magma del proceso de escritura uno no tiene mucha conciencia de con quién se quiere comunicar. Para mí el libro es una intermediación, un soporte, y no tengo una especial devoción al formato libro. Uno siempre le está contando algo a alguien.

P.: ¿Qué escritor le gusta?

G.B.: John Fante
. Un autor muy menor al que se le notan las fallas, los defectos y por eso me parece que es muy orgánico, que respira, y eso me gusta mucho. Tiene una épica de la desesperación que a mí me fascina. Hay de eso una versión mas culta y formal, que es J.M. Coetzee. Lo que en Coetzee es precisión, en Fante está deshilvanado, muestra las costuras, tiene una imperfección que me lo acerca más.

Entrevista de Máximo Soto

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