También se descubrió que muchas de las empresas gastan más en lobby y presión política de lo que pagan en impuestos.
En momentos en que los legisladores se encuentran ante la difícil misión de buscar dónde reducir la deuda nacional, el informe del Instituto de Estudios Políticos (IPS), un centro de estudios de tendencia de izquierda de Wa-shington, puso rápidamente el dedo en la llaga. Después de leerlo, el representante demócrata Elijah Cummings, un importante miembro de la Comisión de Supervisión y Reforma de Gobierno, llamó a una sesión sobre los sueldos de los ejecutivos.
En una carta al presidente de la comisión, el republicano Darrell Issa, Cummings pidió «examinar si los problemas en las compensaciones de los presidentes ejecutivos que llevaron a la crisis económica continúan existiendo hoy».
También se preguntó: «¿Por qué los sueldos de los jefes ejecutivos y las ganancias corporativas se disparan hasta el cielo, mientras los salarios de los trabajadores se estancan y el desempleo se mantiene inaceptablemente alto?» y si «el código tributario puede estar alentando estas crecientes disparidades».
Al realizar su estudio, IPS comparó los sueldos de los presidentes ejecutivos con los pagos de impuestos corrientes, excluyendo los gravámenes extranjeros y estatales, así como los tributos diferidos que a menudo pueden ser tan importantes como los impuestos corrientes. Los fundamentos del grupo fueron que los impuestos diferidos pueden o no ser pagados, mientras que los impuestos corrientes pagados son la aproximación más cercana en los documentos públicos a lo que las compañías finalmente pagaron en gravámenes.
Los sueldos de los 25 presidentes ejecutivos que superaron los impuestos corporativos promediaron los u$s 16,7 millones, según el estudio, comparado con el promedio de 10,8 millones de dólares de los jefes ejecutivos de las firmas que integran el S&P 500.
Entre las empresas que encabezan la lista se encuentran:
Aunque las empresas son de distintas industrias, sus beneficios tributarios vienen de dos áreas principales. Dos tercios de las firmas estudiadas mantuvieron sus impuestos bajos al utilizar filiales en el extranjero en paraísos tributarios como Bermuda, Singapur y Luxemburgo. El resto se benefició de la depreciación acelerada.


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