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“En una misma música viven todas las músicas”
Carlos “Negro” Aguirre, un músico entrerriano internacional: de su provincia a Buenos Aires, Uruguay y Brasil, su arte también llegará ahora al Japón.
Periodista: ¿Cómo define su música?
Carlos Aguirre: Me gusta pensar que es música argentina. Con gestos melódicos, con algunos recursos que están originados en esas prácticas. Música de nuestro país, con una frontera difusa, en el sentido de que por momentos se cruza para Uruguay, Brasil, Perú, y con ciertos modos de entender algunas músicas andinas, sobre todo en su rítmica.
P.: ¿Lo complica esa heterogeneidad?
C.A.: Me complicó durante muchos años, tal vez en alguna etapa donde estuve más influido por un pensamiento ligado a un aspecto ideológico, donde cualquier influencia de una música foránea para mí era como una invasión o un ataque a nuestra cultura. En realidad, yo mismo ya estaba "infectado'' de toda esa influencia porque desde muy chico escuché muchas músicas. Hasta que en un momento me di cuenta de que las personas podemos ser un montón de cosas y me parece medio necio pelearse con la historia de uno, porque, más allá de que uno viva en un lugar determinado, también está la historia de cada una de las personas que habitan ese lugar. Es probable que haya tantas microculturas como personas o grupos que se reconocen en una misma cosa, el barrio por ejemplo. Entonces, no hace falta que uno se olvide de todo eso que es, sino hacer que todo eso conviva de una manera artística, porque con una especulación tal vez muy cabezona, eso se traba artísticamente, en lugar de fluir.
P.: ¿En su opinión qué lugar le cabe al Estado en esta conversación sobre la cultura y sobre la música en particular?
C.A.: Yo creo que su función es equilibrar lo que el mercado desequilibra, y eso no es solamente en la música. El mercado está ligado al rendimiento de los números y en la cultura no funciona así, no es susceptible de medirse de esa manera. Si uno piensa en una música que tiene validez de acuerdo con la cantidad de público que lleva o no, puede llegar a perderse músicas maravillosas. Y muchas veces no convocan porque no se las conoce.
P.: ¿Qué músicas y qué artistas lo conmueven especialmente?
C.A.: Egberto Gismonti, Hermeto Pascoal, Keith Jarrett, Dino Saluzzi, el Mono Fontana, Diego Schissi, Hernán Jacinto, Juan Quintero. Hay cosas que he escuchado hace muy poquito que me gustan, como por ejemplo el último disco de Ana Robles, La Cangola Trunca, Martín Neri. La lista podría ser larguísima.
P.: Suele tocar solo o en proyectos compartidos, suyos a ajenos. ¿Qué lo motiva en cada caso?
C.A.: Cada una de estas formas representa para mí una posibilidad de encontrarme dentro de ellas. El Carlos Aguirre Grupo es, desde siempre, el laboratorio donde pongo en juego lo que vengo concibiendo desde aspectos tímbricos, texturales. El trío es una oportunidad para desarrollar una experiencia más ligada al cultivo del arte de la improvisación, pero buscando gestar una manera de pensarla, donde no estemos necesariamente respondiendo a clichés sino más bien desarrollando algo propio. Y en estos conciertos como solista, disfruto de la posibilidad de ir a una expresión más esencial, en el sentido de que tengo que despojarme de ornamentos y quedarme con la música más liberada de esos artilugios, porque estoy resolviéndola para un solo instrumento. Para mí ése es el desafío del "solismo'', y no pretender tocar con un solo instrumento lo que tocan cinco. Al contrario, que la música quede un poco desnuda y se exprese tal como es. Me encanta eso.
P.: Del mismo modo, elige indistintamente la canción o la música sólo instrumental. ¿Qué lo lleva a elegir uno u otro formato?
C.A.: Siempre tengo una preocupación por gestar un discurso melódico dentro de algo que estoy componiendo, y eso me pone en una frecuencia de canción, por más que no tenga texto lo que estoy desarrollando. La presencia del texto condiciona la elección del ornamento que va a tener la música; en el sentido estricto de que sería deseable o bueno que todo lo que uno coloque como marco musical para esa letra, colabore con lo que está diciendo y no le haga zancadillas. En el caso de la música instrumental no hay un condicionamiento del texto, por lo cual me surgen cosas más experimentales o más libres.
P.: ¿Cómo llegó el vínculo con Japón?
C.A.: Está relacionado a una edición del disco "Crema", del Carlos Aguirre Grupo, hecha por Núcleo Contemporáneo, un sello de Brasil dirigido por Benjamim Taubkin. Yo conocía su distribución brasileña, pero no sabía que ese sello tenía distribución en Japón. En un momento hubo demanda de los japoneses porque empezó a circular el disco allá, hasta que un sello japonés llamado Impartmaint Inc. se comunicó conmigo con la propuesta de hacer una edición de ese material. Eso generó que más gente conociera la música y se gestaran circuitos para tocar. A raíz de eso, en un momento determinado, los mismos responsables del sello se animaron a proponerme una primera gira.
P.: Le da mucha importancia en su vida a los aspectos espirituales. ¿Cómo juega ese aspecto en su música?
C.A.: Es difícil tener objetivamente la conciencia de en qué momento de qué composición eso está operando o se está reflejando. Y tal vez no opere en cuanto a la organización de las notas, en la arquitectura que uno gesta como música, yo creo que opera más a nivel de la energía con la que uno se relaciona todo el tiempo con la música, desde el momento en que se gesta una nueva composición, al momento en que se la interpreta para un público.m Y es allí donde yo no sé qué es lo que puede pasar con mi música, pero sí, por lo menos como público, he advertido lo que pasa con otros músicos: siento que hay determinados intérpretes que no lanzan al espacio solamente sonidos, sino que tienen un aditamento particular o una carga energética que a mí me conmueve. O sea, la resultante de los sonidos más esa carga de energía me atraviesan directamente a un plano que no es tan mental, sino más bien emotivo. De esas músicas no salgo ileso; siento que cuando escucho algo así se opera en mí una transformación o una emoción, como un cimbronazo.
P.: En casos como el de Café Vinilo en el que tocará solo. ¿Sube al escenario sabiendo exactamente qué es lo que va a interpretar?
C.A.: Me gusta, sobre todo cuando estoy solo, que convivan dos posibilidades: momentos del concierto que están absolutamente pautados y otros donde me entrego a una improvisación libre sobre algún tema del cancionero argentino, como una gestación espontánea de una música que nace y se apaga con la última nota tocada. Tal vez no quede registro alguno. Pero me gusta esa situación, esa fugacidad. Creo que más allá del deseo que uno tiene de que la música de alguna forma lo trascienda, al estado puro de la música yo lo asocio al lugar de lo espontáneo, que exista mientras dura.
P.: ¿En qué está trabajando actualmente?
C.A.: Antes mencioné tres instancias que son los proyectos que vengo sosteniendo y que me desvelan: el Grupo (que integramos junto a Luis Medina en guitarra, Fernando Silva en bajo, contrabajo y cello, Juan Pablo Pérez en guitarra y mandolina, y Gonzalo Díaz en percusión), en el que aprovecho la diversidad tímbrica para desarrollar muchos recursos que vengo pensando u originando. Con ese proyecto estamos retomando la grabación de un disco que comenzó hace un par de años. Por otro lado, hay idea de grabar con el Trío (junto a Fernando Silva en bajo y Luciano Cuviello en batería), que es una formación más reciente y tiene su repertorio propio. Y también hay una idea como solista de grabar versiones del repertorio litoraleño.
Entrevista de Ricardo Salton


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