14 de abril 2016 - 00:00

“Este es uno de los papeles con los que más me identifico”

Darío Schmunck junto a Marina Silva, quien interpreta a Margarita y, según explica el tenor, “es el eje de todo” en la puesta de “Fausto” que se puede ver hasta el sábado en el teatro Avenida.
Darío Schmunck junto a Marina Silva, quien interpreta a Margarita y, según explica el tenor, “es el eje de todo” en la puesta de “Fausto” que se puede ver hasta el sábado en el teatro Avenida.
Hasta el sábado, la asociación Buenos Aires Lírica presenta en el Teatro Avenida la ópera "Fausto", de Charles Gounod, espectáculo con el que inaugura su temporada. La puesta en escena corresponde a Pablo Maritano y la dirección a Javier Logioia Orbe. El elenco está integrado por Darío Schmunck, Marina Silva, Hernán Iturralde, Cecilia Pastawski, Virginia Correa Dupuy, Ernesto Bauer y Juan Font. Dialogamos con Schmunck.

Periodista: Usted había cantado este papel por primera vez hace 13 años. Hoy, ¿cómo siente el personaje?

Darío Schmunck:
Fue mi primer papel en francés. Un desafío, pero me encantó hacerlo. Me gustan los personajes que se transforman, no los papeles planos, como el Ernesto de "Don Pasquale", o incluso el Alfredo de "Traviata". Aquí hay una evolución enorme. A medida que uno crece en edad comienza a cuestionarse muchas cosas que se relacionan con lo que le pasa a Fausto. No es lo mismo hacerlo en 2003 que 13 años después. Este personaje va cambiando mucho. Refleja lo que va pasando en la vida de uno a medida que uno lo va haciendo. Estoy en una edad en la que uno se replantea muchas cosas. El tema está en qué se cree, y en si hay que creer en algo. Si se cree en algo, sea lo que sea, eso lo hace a uno tener una chispa que lo lleva a continuar la vida de una forma interesante. Si no uno se queda con la cáscara. Eso se plantea Fausto. Depende de cómo se lo encare, pero si vamos a la historia lo que se plantea es el vacío: tengo todo, puedo hacer todo y preguntarme qué me queda después de todo eso. Es una pregunta filosófica sobre la vida.

P.: Y que hoy en día sigue teniendo mucha vigencia.

D.S.:
Claro, es una competencia. Todo hace que sea así: la publicidad, el pertenecer o no, como pasa con la música. Y Fausto se está arrepintiendo de un montón de cosas. Él quiere hacer lo que nunca hizo: enamorarse, volver a vivir. Pero no puede hacerlo con la forma de pensar que tenía cuando tenía esa edad: rejuvenece, pero mantiene la forma de pensar y los conocimientos del viejo. Todo tiene un precio. Éste es un oficio muy lindo por un lado, pero es caro. Hay que pagar un precio muy alto si a uno le interesan las cosas que está dejando, porque hay gente que no sufre el hecho de irse del país, extrañar, dejar a la familia. Cuando me fui no hubo un solo día en que no extrañara. Todo eso es un precio, y Fausto lo pagó por la soberbia del conocimiento. Está el ansia de saber más y más, y después queda la incógnita: ¿y Dios? Yo soy creyente. La tentación es muy grande: la corrupción la vemos todos los días, imaginemos cómo sería en una cosa así: por lo general se desbanda todo. Ahí es donde veo yo un orden divino, esas cosas se terminan pagando. Fausto nunca imaginó que Margarita se iba a volver loca y lo iba a terminar rechazando. Y se queda sin nada, pero encima le debe el alma al otro, y eso sí lo tiene que pagar.

P.: ¿Cómo está encarado el personaje en esta puesta?

D. S.:
Margarita es el eje de todo. Los alemanes tienen una expresión, "Gretchenfrage", que es una pregunta importante. Ella le pregunta si él cree en algo, y eso se termina transformando en una frase común en esa época. ¿Qué lo tienta? La imagen de ella. Por eso hablo de la soberbia en cuanto a sus ganas de aprender: cuando tuvo lo que quiso, no le importó nada lo demás. El aria está porque hay que ponerle un aria al tenor, pero esa parte romántica no existe, él no es romántico en ningún momento, es calculador y egocéntrico, todo pasa por él. No me entra en la cabeza que no le importe nada, pero evidentemente esa gente existe. Y todo se le va de las manos. Como espectador estoy más con Margarita que con Fausto, que es un personaje desagradable, como Werther. Ella muere feliz y convencida de que está perdonada por Dios, y eso, sea verdad o sea una locura, es algo que no pueden quitarle. Todo fue una tragedia, pero eso no pueden quitárselo. Y ésa es la respuesta que él busca al principio: el hecho de creer y de la redención de Dios, aunque sea una locura y un estado psicótico. Uno lo traduce a lo terrenal explicándolo así, pero me parece muy interesante. Hoy el personaje está más ligado a las vivencias. A medida que pasan los años uno trata de elegir lo que quiere cantar, siempre traté de hacerlo aunque a veces por necesidad uno canta cosas que no le gustan tanto, pero las hace. Hoy es uno de los papeles con los que más me identifico, por eso de la evolución.

Dejá tu comentario