Ya ni siquiera se mostraron dos grupos definidos, atendiendo cada participante la tónica de su región, sino que en la cuarta fecha los europeos se precipitaron en picada -en tal caso, unidos en la desgracia-, pero a los demás les llegó la señal del: ¡Sálvese quien pueda!... Bajas de la eurozona; mortificados por la incertidumbre -o la certidumbre de que la cuestión no posee salida cercana-, los chinos, a tierra con un casi 2% (mirando, también, sus propios problemas). Y en América, el liderazgo del Dow Jones no pudo mantener a la «tropa» unida, sino que sólo se las compuso para terminar en un precario 0,3% de repunte. Que no fue copiado por el Bovespa, esta vez en línea con Europa y decayendo el 1,8%. Finalizando en un Merval que aportó la tercera posición posible, dentro del tablero global. Prácticamente con «neutro» absoluto, el indicador local principal, tras mínimo de 2.679, un máximo en 2.745 puntos y el cierre casi en su base previa: 2.737 unidades. Diferencias de 26 ascensos, contra 29 bajas, donde entre las líderes más trascendentes del ponderado vieron una baja conjunta -ligada al petróleo- con Petrobras cayendo el 2% y Tenaris, algo más del 1%. Por parte del sostén del índice, G. Galicia y Pampa aportaron subas del 1,5% y del 2 por ciento.
Una cuarta rueda donde la visión global de lo bursátil fue ciertamente de una anarquía de rumbos, cada recinto jugando por su cuenta. En cuanto a la energía puesta a disposición -en día de subas de tasas en la renta fija, un enemigo que renace-, los $ 60 millones resultaron más que interesantes. Hubo liquidez suficiente, plazas lubricadas, con un saldo de cotizaciones conjuntas: inocuo. La Bolsa, en blanco.
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