9 de septiembre 2010 - 00:00

Exorcismos eran los de antes

«El último exorcismo» hace uso y abuso de la cámara movediza y las imágenes fuera de foco, pero su peor defecto es que, en algunos momentos, en vez de asustar, provoca risa.
«El último exorcismo» hace uso y abuso de la cámara movediza y las imágenes fuera de foco, pero su peor defecto es que, en algunos momentos, en vez de asustar, provoca risa.
«El último exorcismo» (The Last Exorcism, EE.UU.-Francia, 2010, habl. en inglés). Dir.: D. Stamm. Int.: P. Fabian, A. Bell, L. Herthum.

La fórmula «Blair Witch Proyect» evidentemtne resultó mucho más influyente de lo que nadie podría haber pensado; a partir de ese formato ya se han visto films de zombies, de monstruos al estilo Godzilla, de fantasmas, de invasores extraterrestres, y hasta una de crímenes de guerra en Irak de Brian De Palma.

«El último exorcismo» hace uso y abuso del formato ya conocido: la cámara se mueve tan exageradamente y con tantos fuera de foco que es probable que el espectador sienta náuseas bastante antes que la adolescente poseída llegue a vomitar tal como obliga el género.

La originalidad de esta producción de Eli Roth (el de las dos «Hostel») es obviar el típico conflicto católico apostólico romano, que al menos en la ficción, suele relacionarse con el tema, para presentar un pastor evangelista ducho en todo tipo de trucos que no tiene mayores problemas en confesar a la cámara del seudo documental de marras. Eso sí, sin dejar de explicar que el objeto de sus trucos como exorcista no son un fraude, sino una manera de solucionar problemas psicológicos o personales de gente que necesitan realmente de ese ritual.

Luego de un comienzo terriblemente lento, el pastor en cuestión deberá enfrentar un caso de posesión diabólica más grave que todos los que había conocido. Todo esto justo para que lo filme el documentalista/cameraman con alguna variante de Mal de Parkinson y sería incapacidad para hacer foco, lo que vuelve bastante insoportable buena parte de esta película mucho menos terrorífica que cualquiera de las ya citadas, al punto de que los típicos sustos que alarman a los protagonistas generan más risas que sobresaltos entre el público.

Entendiendo que el terror satánico es una de las más temibles variantes del género fantástico, la verdad es que esta película termina resultando bastante inocua y no asusta ni divierte demasiado.

Lo mejor es la actuación del pastor estelar, Patrick Fabian, encarnando a una especie de showman carismático totalmente opuesto al Max Von Sydow del exorcismo clásico cuyo solo recuerdo asusta más que toda esta película.

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