25 de noviembre 2009 - 00:00

Fredi Guthmann, un pre-cronopio

Rafael Felipe Oteriño durante la presentación de «Fredi Guthmann», mentor y maestro de Julio Cortázar y definido como «un gran autor surrealista desconocido». Al centro, la portada del libro. Debajo, tradicional imagen de Victoria Ocampo, cuyas cartas de posguerra acaban de ser editadas por la renacida editorial «Sur» que ella fundó.
Rafael Felipe Oteriño durante la presentación de «Fredi Guthmann», mentor y maestro de Julio Cortázar y definido como «un gran autor surrealista desconocido». Al centro, la portada del libro. Debajo, tradicional imagen de Victoria Ocampo, cuyas cartas de posguerra acaban de ser editadas por la renacida editorial «Sur» que ella fundó.
Un volumen grande, lujosamente encuadernado y profusamente ilustrado con espléndidas fotografías de Fredi Guthmann (el hombre a quien Julio Cortázar llamó «mi maestro») y de varios artistas argentinos, descubre al lector una de esas figuras excéntricas que esporádicamente llegan a estas latitudes y dejan su impronta entre minorías que atestiguan esta capacidad nuestra para absorber lo nuevo,lo intenso y extraño.

En este caso, el magnífico prólogo de Rafael Felipe Oteriño presenta a Guthmann en la etapa final, cuando recaló en Mar del Plata. Louis Soler recoge el legado en 1996 de manos de Natacha y descubre a «Un gran autor surrealista desconocido». Reconstruye su vida, sus viajes, sus relaciones con grandes figuras internacionales, su amistad e influencia sobre el joven Cortázar y sus horas finales. Natacha completa con más detalles y revelaciones esta rica trayectoria vital, y a continuación se transcriben cartas a su hermano y parientes, a amigos, fragmentos de su diario personal de navegante y descubridor de las islas que recorrió: Tahiti, Las Hébridas, Samoa, Fidji y otras.

Fredi es viajero explorador de nuevas culturas,minucioso observador y en sus escalas en Polinesia y Nueva Guinea de los años treinta hay aventuras, curiosidades y datos antropológicos, la ciencia de un lego que, a la vez, es poeta y sabe mirar. Entre 1948 y 1949 escribe desde Francia y entre 1949 y 1950 registra su viaje a la India.

Una selección de sus fotografías y varios poemas escritos entre 1928 y 1949 con su versión en español confirman la originalidad de su poesía. Vienen, algunas cartas de sus amigos: Benjamín Fondane, el pintor Joaquín Torres García y unos poemas de Julio Cortázar. Este también incluye referencias concretas sobre su próximo libro «Rayuela» en el cual espera que Guthmann reconozca resonancias comunes de un sentido de la vida y el arte.

A manera de epílogo, Natacha Guthmann describe algunos aspectos de las relaciones entre su marido y Oteriño y las sintetiza en las últimas palabras de este sugerente volumen. «Rafael fue el último amigo poeta de Fredi». Libro-calidoscopio, para leer y saborear palabras o imágenes que se prolongan más allá de su materialidad concreta.

«Fredi Guthmann», de Natacha Guthmann. («Letemendia», Buenos Airee, 2009. 191 págs. Prólogo de Rafael Felipe Oteriño y Arturo Carrera).

E.de Z.

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