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Guerra: “Me encanta descubrir talentos y promoverlos”
Mientras se prepara para actuar en una miniserie y a la espera de que le confirmen el regreso de «Talento argentino», donde forma parte del jurado, Maximiliano Guerra estrenará en Mar del Plata dos ballets y repondrá su «Carmen» en Miramar.
Periodista: Ante todo, ¿no lo tentaron para ir a bailar por un sueño?
Maximiliano Guerra: [Enmudece unos segundos] En realidad. no. ¿Le molesta si fumo?
P.: ¿Usted fuma?
M.G.: Bueno. son muchos los bailarines que fuman.
P.: Siguiendo con la televisión, se rumorea que vuelve «Talento argentino».
M.G.: Todavía no hay nada confirmado. Pero calculo que van a volver a llamar a los mismos que integramos el jurado. Ojalá, porque me encanta ese programa y me encanta rescatar talentos y promoverlos. Toda mi vida fue así. Hace dos años fui a montar «Romeo y Julieta» al teatro Argentino de La Plata y salí orgulloso del primer ensayo de la compañía. De los 48 bailarines del elenco, 26 habían pasado por el Ballet de Mercosur. Y hay muchos otros en distintas provincias e incluso en el exterior.
P.: ¿Y es cierto que vuelve a la actuación?
M.G.: Siempre quise ser un artista dúctil e integral. En el 96 debuté en la película de Jorge Coscia «Canción desesperada», en el papel de un periodista obsesionado por el tango, y ahora me propusieron actuar en la miniserie «Fuego en tu boca» de Adriana Lorenzón y Pepe Monje. Son historias asociadas al Cuartel de bomberos de La Boca. A mí me gusta mucho la actuación, y también me gusta mucho la música. Cuando me rompí el talón de Aquiles, en el 99, tuve que parar por seis meses. En la cama y enyesado no podía hacer nada, así que me puse a estudiar guitarra y a componer canciones. Mi escuela es un reflejo de este interés que comparto con Gabriela Pucci, mi codirectora, y con mi esposa Patricia Baca Urquiza.
P.: ¿Cuál es su modelo de formación de un bailarín?
M.G.: Queremos que los alumnos tomen la danza desde el juego, el disfrute y la diversión y que tengan la libertad de volcar en ella su creatividad, con una fuerte carga en lo actoral. Es lo que hice yo, siempre afronté mis roles desde lo actoral. Los bailarines somos actores sin palabras, actores de movimiento que hacemos reír y llorar, que emocionamos con la historia de un príncipe o de una princesa cisne.
P.: ¿Cómo fue el proceso de trabajo de «Iván el terrible»?
M.G.: Siempre que armo un proyecto trato de traerlo al presente. ¿Cuál sería hoy el equivalente de Iván el terrible? ¿Cuáles serían sus problemas? ¿Cuál su enfermedad? Porque su locura se originó en haber presenciado la muerte de su padre, luego la de su madre y sobre todo la de su mujer, Anastasia. Luego su demencia se agrava por un tratamiento contra la sífilis donde le aplican mercurio.
P.: ¿Qué otras ideas rescató de este personaje?
M.G.: Los historiadores siempre pusieron en primer plano las masacres, la violencia, todo lo sangriento y morboso. Pero al seguir investigando, vi que el tipo no tenía nada de terrible, lo habían hecho así. También descubrí que fue un gran estadista del 1500. A él lo secuestran los boyardos cuando tenía 8 años. Fue maltratado y humillado pero nunca perdió la decisión de recuperar el trono. A los 13 años se escapa y empieza a reunir a distintos pueblos para su lucha. Gana la batalla con el respaldo de casi todos los rusos y cuando consigue ser rey, en agradecimiento, alfabetiza a la población, crea bibliotecas y antes de tomar decisiones muy importantes pide el consenso del pueblo. Fue casi una democracia y esto me dio la clave para contar esta historia. De Iván quise rescatar su heroísmo, su amor pasional tanto por su madre como por Anastasia, y también su locura, otro factor muy importante. En la obra, el ballet encarna sus recuerdos. A través de la danza aparecen flashbacks de su vida: los momentos de gloria y los momentos más tétricos y dolorosos. El está en una lucha permanente porque los recuerdos gratos derivan en otros que le hacen muy mal.
Entrevista de Patricia Espinosa


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