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“Hablamos de la histeria, pero al estilo victoriano”
Helena Tritek llevará a escena en enero la exitosa pieza de la norteamericana Sarah Ruhl «En el cuarto de al lado».
Periodista: ¿Por qué aceptó dirigir una comedia del circuito comercial que recrea el origen del vibrador?
Helena Tritek: Me interesó el misterio que rodea a la histeria femenina y lo qué pasó después con todo eso. Tuve que estudiar mucho, empezando por Freud. También me informé sobre la historia de este médico que utilizó el vibrador con objetivos terapéuticos. Es verdad lo que se cuenta en la obra.
P.: Se refiere a un médico que a fines del siglo XIX aprovechó la reciente aparición de la energía eléctrica para experimentar con un novedoso aparato que llevaba a sus pacientes al orgasmo.
H.T.: Sí todo eso es real, pero lo muestro de una manera muy sugerente. Ni siquiera se menciona la palabra orgasmo, que es más moderna. La pieza tiene un humor muy sutil y todo es educado, como corresponde a la época. El texto me interesó porque indaga en el mundo de la mujer y además está escrita por una mujer, profundizamos en eso. Le saqué mucho de lo norteamericano, por ejemplo el conflicto entre razas.
P.: ¿Eliminó a la nodriza afroamericana?
H.T.: Ahora es una morocha criolla muy ardiente. Mientras que las otras (la esposa del médico y una amiga) son flacas y paliduchas.
P.: ¿Por qué sus maridos no las satisfacen sexualmente?
H.T.: En realidad, el conflicto tiene que ver con la falta de entendimiento entre hombres y mujeres. Siempre hubo cierto temor hacia el deseo sexual de la mujer y bastante envidia ante su condición de dadora de vida. Estas son mujeres recatadas, muy de corset, duras, con mucha educación. También aparece una relación homosexual femenina y a ellas se las ve muy curiosas con el sexo, quieren vivir mejor. La protagonista quiere que su marido cambie y al final lo logra. Ella le termina enseñando.
P.: La obra fue estrenada hace dos años, pero parece un George Bernard Shaw revisitado, con destellos de Oscar Wilde.
H.T.: Tiene humoradas inteligentes. Dejé algunas de esas frases tipo Shaw y saqué otras. Cuento con actores sutiles y encima Gloria Carrá y Luciano Cáceres son pareja en la vida real. Es divino lo que producen en escena. Gracias a Dios nunca hacen un gesto grueso, todo es muy educado.
P.: Al público joven le va a resultar extraño descubrir que en una época, no tan lejana, fuera tan complicado tener sexo...
H.T.: ¡Cómo he hablado este tema con Inda Ledesma! Ella estaba maravillada con lo que pasó después de los años 50 con la aparición del preservativo. ¡Era la libertad! Antes -me decía- cada vez que tenía relaciones se aterrorizaba.
P.: Después llegó la píldora anticonceptiva y se acabaron los temores...
H.T.: Fue una gran liberación, a partir de ahí la mujer empezó a ser feliz. Yo creo que van a venir muchas mujeres a ver la obra porque se habla de nosotras y de nuestros cuerpos.
P.: Y de lo poco que nos entienden los hombres...
H.T.: Claro, el marido médico se obsesiona en curar a las histéricas, pero a su mujer -que acaba de ser madre- no le da pelota y le pone una nodriza. Los hombres no saben lo que las mujeres quieren porque no las ven.
P.: Pero hoy se habla por demás de las necesidades sexuales femeninas. Lo que sobran son sexólogos.
H.T.: Y la pornografía, todo ese comercio que hay ahora y las clases para aprender a gozar y qué se yo. Fue un cambio muy rápido, en muy poco tiempo... Las histéricas estaban ayer... Ahora los histéricos son los hombres. Lo veo en amigos míos. Cambiaron los papeles, ahora los difíciles son ellos. Coquetean no saben lo que quieren...
P.: ¿Cómo trabajaron los modales de época?
H.T.: Leímos cuatro libros y después vimos como 50 películas de esa época, entre ellas «La edad de la inocencia» de Scorsese. Tuvimos un profesor de protocolo. No sabía mucho, pero nos ayudó: la altura del saludo, la distancia de los cuerpos, quién se sienta primero, como servís el te. La distancia cuando te inclinás. Para los muchachos fue muy importante. Queríamos a Eugenia de Chikoff, la hija del famoso conde ruso que da consejos de protocolo y ceremonial, pero ¡no sabe lo que cobraba! no pudimos contratarla., ella sí me gustaba.
P.: ¿Y el vestuario?
H.T.: Un lujo. Escenografía y vestuario de Eugenio Zanetti. Ahora está viajando más Buenos Aires y tiene casa porque quiere que el tercer acto de su vida ocurra acá. Estamos felices. Es un artista de gran refinamiento. Es como si viniera Visconti. Como le dije, un lujo. ¡Escenografía de verdad, de verdad! No tres sillas.
Entrevista de Patricia Espinosa


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