10 de octubre 2011 - 00:00

Hoy la realidad y la ilusión valen lo mismo

Hoy la realidad y la ilusión valen lo mismo
La última rueda no aportó casi nada, apenas una merma del 0,18% (algunos lo llamarían ajuste) que dejó estacionado el Dow en 11.103,12 puntos, con un saldo ganador para la semana. Pero esto es pasado, y lo que más suele interesar a quienes se toman la molestia de leer comentarios sobre lo bursátil es el futuro. Aquí es donde enfrentamos al menos dos posibilidades, una suba del precio de los activos financieros (como hemos tenido a lo largo de las últimas dos semanas) o una baja. De manera natural (tal vez por una cuestión adaptativa para mejorar las posibilidades de supervivencia), los seres humanos tendemos a recordar mejor lo que ha ocurrido hace menos tiempo y a minimizar los golpes que acontecieron hace más tiempo. Esto hace que muchas veces sobredimensionemos el optimismo y el pesimismo reciente. En los últimos días lo que hemos tenido son mayoría de noticias positivas en el frente macroeconómico de los EE.UU. (en el caso europeo la cuestión es discutible, un buen ejemplo de esto es la baja de la calificación de las deudas italiana y española), que se combinan con un mercado donde cada día es mayor el peso de los inversores profesionales (no porque aumenten en cantidad o volumen negociado, sino por el paso al costado de los inversores minoristas), quienes necesitan conseguir rendimientos positivos, lo que los hace naturalmente alcistas (en conjunto son tenedores de títulos). Con esto graficamos de alguna manera lo que podemos llamar ganas de subir que se percibe hoy en el mercado (o al menos en una parte importante del mercado). Frente a esto tenemos la realidad, una realidad que si bien nos mostró el viernes cierto crecimiento en el número de empleos, está lejos de las señales que corresponderían a una economía en franca expansión o tan siquiera estable. Para el inversor, una de las implicancias de este escenario es que el proceso que veamos en los próximos días, fuere éste alcista o bajista, puede depender tanto de hechos fortuitos o rumores como de eventos significativos (que muestren una mejora o un empeoramiento real de la economía). Toda esta perorata tiene un solo objetivo: resaltar una vez más la importancia de la prudencia.

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