7 de septiembre 2011 - 00:00

Inversión y empleo, antídotos frente a la crisis global

Gustavo Marangoni, Vicepresidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires
Gustavo Marangoni, Vicepresidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires
Transcurren tiempos convulsionados en el escenario económico internacional. El temor a una recaída recesiva en las dos locomotoras más poderosas del hemisferio norte -Estados Unidos y la eurozona-, tiene en vilo al resto del mundo desarrollado y emergente.

Sin embargo, es muy diferente el plano de las amenazas y certezas que se puede construir según se tome la perspectiva del norte o del sur. Inexorablemente esta recaída le pega de lleno, a manera de un «déja vu» de

las crisis de 2008-2009, a las economías desarrolladas del norte. Tanto Estados Unidos como los países de Europa en su mayoría siguen lidiando con problemas de insolvencia fiscal y deudas impagables, en tanto se ha vuelto anémico su sector real y el mercado laboral.

En contraposición, tanto los países del bloque asiático (principalmente China e India) como nuestras economías sudamericanas están llamados a seguir actuando como soporte de la demanda y el comercio mundial, siendo estabilizadores del crecimiento global. Claro que las realidades en ambas latitudes están estrechamente vinculadas, y resulta un desafío no menor coordinar un aterrizaje duro en los países desarrollados con un sendero de crecimiento en los emergentes.

¿Podemos ser optimistas respecto a un mejor pasar para nuestras economías y específicamente para la Argentina? Sin lugar a dudas sí. El Gobierno nacional ha perseverado en construir fundamentos macroeconómicos que nos preparan mejor para lidiar contra flujos de capitales especulativos y shocks de precios y demanda. Pero fundamentalmente la economía política desde 2003 privilegia un modelo productivo de inversión y consumo, que vigoriza el mercado interno en base a más trabajo y más ingreso en nuestra sociedad.

Diferencia

Además, existe actualmente un consenso generalizado que señala la diferencia respecto a fines de 2008. En aquella oportunidad se derrumbaron el nivel de actividad económica global, los flujos de comercio y el precio de las materias primas que exportamos (cayeron hasta un 50% contra los valores de mitad de 2008). Junto a ello, Brasil había devaluado su moneda un 50% hacia diciembre de 2008 contra el nivel de cuatro meses atrás. A nivel local le sumamos la peor sequía de los últimos 60 años (perdiendo un tercio en el volumen cosechado). Contrariamente en la actualidad el factor climático nos ayuda, no se avizora un derrumbe de la demanda mundial (fundamentalmente de la de alimentos) y el precio de las commodities agrícolas está sostenido por la demanda estructural de China, India y el uso creciente de biocombustibles como energía alternativa.

Nación y provincia juntas en el camino del desarrollo inclusivo. La mejor estrategia para enfrentar un ambiente con renovados desafíos y muchos interrogantes en el plano mundial es seguir construyendo en base a nuestras propias certezas. El Gobierno nacional señaliza el camino

defendiendo un patrón de crecimiento que favorece la reindustrialización del tejido productivo, fortalece la demanda interna de consumo e inversión y alienta la dinámica distributiva del ingreso. Desde la provincia y los municipios debemos seguir trabajando en una agenda de competitividad genuina, para mejorar la estructura de costos y rentabilidad de muchos sectores, cuya viabilidad no puede descansar solamente en la competitividad precio del tipo de cambio.

Desde Buenos Aires el gobernador Daniel Scioli renueva día a día este desafío y la responsabilidad de seguir transformando la provincia en una locomotora potente del desarrollo nacional. Con un Estado social activo realizamos obras y mejoramos la infraestructura para la actividad productiva (puertos, caminos, energía, universidades).

Impulso

Sector público y privado juntos impulsamos la innovación y la capacitación de nuestros recursos humanos. Trabajamos también para integrar campo e industria en pos de mejorar el valor agregado y complementar eslabones de nuestras principales cadenas productivas (agroalimentos, automotriz, metalmecánica, autopartes).

Los resultados son alentadores. Actualmente el debate en muchos países centrales gira en torno a ajuste, reestructuración, salvataje, todas recetas que tristemente conocimos en el pasado. Nosotros debatimos cómo seguir expandiendo la inversión, cómo proyectamos el sector de agroalimentos hacia 2020, cómo mejoramos cada vez más el financiamiento productivo en el mediano y largo plazo, cómo seguimos recuperando el salario real como factor dinamizante del mercado interno. Afortunadamente nuestro país tiene la enorme oportunidad, más allá de los retos del mundo actual y de nuestros propios desafíos internos, de continuar profundizando un sendero de cambios y logros que no debemos subestimar.

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