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"La Argentina siempre tuvo un Estado que fue confiscatorio"
• Lo dijo Cortés Conde.
• Criticó trabas
«En la Argentina siempre se quiere hacer muchas cosas, pero no hay acuerdo para votar impuestos con los que pagarlas», resumió Roberto Cortés Conde.
Periodista: ¿Se está repitiendo algún error de otro momento de la historia?
Roberto Cortés Conde: Hay recursos extratributarios que se repiten desde la segunda mitad del siglo XX, dado que no logramos consenso en materia fiscal. Uno es el impuesto inflacionario. Empieza en 1935, con el revalúo del oro. Eso dio la posibilidad de emitir el doble de dinero, pagar todas las deudas y hacer un salvataje a los bancos. Lo mismo que se hace ahora con las ganancias del Banco Central. Están en dólares y se devalúa, entonces se dice que hay más ganancia en pesos. Pero es una ganancia ficticia.
P.: ¿Los recursos extratributarios son malos en sí o cuando se vuelven permanentes?
R.C.C.: Una cosa es imponerlos por razones de emergencia, como con el revalúo. Pero con Juan Domingo Perón vía redescuentos, el Banco Central empieza a usar deliberadamente como un instrumento para financiar al Gobierno y sus proyectos. Esto sucede hasta hoy. Hay un problema serio en la sociedad argentina: se quiere hacer muchas cosas pero no hay acuerdo para votar impuestos con los que pagarlas. Por eso hoy tenemos también un Estado confiscatorio, siempre lo tuvimos. Por una serie de mecanismos se ha resuelto apropiarse de recursos de los habitantes, ni siquiera de los contribuyentes, sin pedirles permiso.
P.: ¿Cómo se soluciona?
R.C.C.: El localismo en materia fiscal es positivo. En la Argentina no hay relación entre el impuesto que se paga y el beneficio del bien público que se goza. Ese problema, entre Nación y provincias sobre qué impuesto les corresponde a cada uno, generó el problema con el campo. Las provincias tenían como el mejor impuesto, el rural. Pero cómo podrían cobrarlo si el dueño del campo paga además retenciones altas, que encima son del Gobierno central y no se coparticipan.
P.: ¿A qué adjudica el crecimiento económico de los últimos años si los errores se repiten tanto?
R.C.C.: Hoy estamos en una situación que nunca tuvimos. Un tremendo aumento de las exportaciones por la demanda de commodities. Tendríamos que estar promoviendo no sólo la soja sino el trigo, maíz, la carne. Si estamos sojizados estamos dependientes de un solo bien y de problemas climáticos.
P.: ¿Cree que se está desaprovechando el contexto externo, como en el pasado?
R.C.C.: En el pasado, con los problemas internos que tiene la Argentina hoy, las corridas hacia el dólar fueron crisis. Perón tuvo una gran oportunidad como la actual, pero le duró hasta el 49, donde se da la primera crisis de balanza de pagos. Europa se recuperaba de la guerra, se frenó la demanda de alimentos, los países se volvieron proteccionistas y Perón que se había jugado todo a esa demanda se queda con el gran problema de no poder pagar las importaciones. Hoy tenemos una seguidilla de muchos más buenos años que no hay que desperdiciar.
P.: ¿Sin buscar otros recursos?
R.C.C.: Será difícil que el Gobierno pueda seguir financiándose porque ya se sacaron recursos de todas partes (de bonistas, de jubilados, del Banco Central). Más impuestos no se pueden cobrar. Muchos dicen que se puede nacionalizar el comercio exterior (como con el antiguo IAPI), pero eso fue muy negativo, el retraso de 30 años del campo.
P.: ¿Poner trabas a las importaciones trae beneficios?
R.C.C.: No, es muy negativo. Las importaciones están vinculadas a períodos en que hay tipo de cambio estable y el peso sobrevaluado, cuando se ha aprovechado para construir infraestructura, como vías férreas. Este país se construyó sobre ferrocarriles, y las exportaciones de trigo y de carne, los pagaron. La industria se modernizó vía importaciones, de bienes de capital y tecnología. Pero ahora, tenemos el conflicto de la energía y transporte.
P.: ¿Es conveniente acordar con el Club de París para acceder a ese financiamiento que usted señala necesario?
R.C.C.: Acordar con el Club de París es bastante simple salvo que hay que acceder al artículo 4 con el FMI. Podría ser beneficioso para acceder a créditos a privados para importar bienes de capital. Pero si al mismo tiempo se prohíbe importar, no tiene sentido.
P.: ¿Colocar deuda argentina en el mercado internacional?
R.C.C.: Tengo muchas dudas de sobre si los argentinos puedan tener muy buena recepción en este momento. Es cierto que hoy las tasas de interés están casi en cero y si el Gobierno argentino paga el 9% sería interesante. Puede ser un poco ilusorio porque cuando estamos calculando el riesgo-país, lo calculamos sobre los bonos que se colocan en el mercado local, que tiene éxito porque se pagan con reservas del Central. Los asesores de las grandes compañías lo saben. Pero en el mercado siempre hay avidez. No sé en qué medida funciona la memoria.
P.: ¿Grecia puede aprender algo de la crisis argentina del 2000?
R.C.C.: Son muy parecidas. Hoy Grecia está dentro de un sistema de cambio fijo, con una productividad muy distinta a la alemana y con un déficit fiscal grande. Tiene la ventaja del apoyo de la Comunidad Europea, que nosotros no tuvimos. La Argentina podría haber evitado ese shock brutal de 2001, pero estaba George Bush con la idea de que había que castigar a los que se portaban mal.
P.: ¿Entonces no terminarán igual?
R.C.C.: Lo interesante es que la crisis de Grecia muestra qué difícil es vender un programa de ajuste desde el punto de vista político. Hay una cuestión humana que demuestra que lo que a uno le da bienestar es lo que consume, no lo que gana. Si lo que consume es lo que gana más las deudas que contrae, uno está feliz porque mejora en todo su calidad de vida. Pero en la siguiente etapa el consumo es ingreso menos deuda, porque tiene que pagar. Vaya a explicarles a los griegos que dejen de pasear por sus islas y se pongan a trabajar como alemanes.
Entrevista de Florencia Lendoiro


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