Con el 0,04% que ganó el viernes el S&P 500 (el Dow trepó un 0,18%, a 12.231,11 puntos), se encamina hoy -si no sucede mucho- a la mayor suba mensual desde octubre de 1974 y la novena mayor de su historia. Antes estos hechos, es poco lo que hay que decir (el único noviembre posterior, el de 1974, fue seguido por una baja del 5,2% y que las otras siete grandes subas se dieron en los años 30), más allá de sentarse y esperar. ¿A qué? La semana pasada vimos Margin Call, para The New Yorker, por lejos la mejor película sobre Wall Street que se ha hecho jamás, y una de las mejores del año. ¿Divertida? No. No hay sexo, no hay sangre, no hay efectos especiales, ni malos, ni buenos, no hay un héroe, no hay un villano, sólo gente de mercado tratando de sobrevivir uno de los peores días de la historia financiera. Las actuaciones: impecables (sólo aflojan poquito, un par de veces); Kevin Spacey haciendo de bueno (raro), Jeremy Irons (una clase magistral de actuación), Stanley Tucci (que no hace de mafioso), Demi Moore (apenas muestra las piernas), Simon Baker (muy por encima de su personaje en TV), el trío Paul Bettany, Penn Badgley y Zachary Quinto (todos revelaciones), etcétera. Los diálogos: salvo un par de casi obligadas críticas al sistema, imperdibles (no hace falta conocer la jerga, pero si sabe algo de mercado, mejor). Pinceladas que muestran gente que existe (en Wall Street) en cualquier mercado del mundo, y que explica desde adentro cómo, por qué y para qué se dio la crisis de 2008. Críticas, un par: sólo de manera tangencial se desliza al final que los millones que gana la gente son en papel, y la realidad es que ninguna de las grandes casas de Wall Street tomó el camino del filme. La película es chiquita, de bajo presupuesto (u$s 3,4 millones, Inside Job costó al menos u$s 20 millones, WSII costó u$s 70 millones), no es ni será un éxito comercial, pero sin duda es la que mejor refleja los tiempos que corren en el mercado (el mes que viene se estrena Tower Heist, con Alan Alda/Bernard Madoff y a principios de 2012 Arbitrage con Richard Gere). Si el director J.C. Chandor quiso hacer con ésta un homenaje a su padre, que trabajó durante 40 años en ML, lo logró.
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