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La jungla de asfalto uruguaya
«Reus» es un buen retrato del delito de la droga en un barrio de Montevideo.
Pudo ser un disparate, una cosa bizarra. No es perfecta, ni mucho menos. Pero es bien interesante, sugestiva, incluso bastante realista, esta película uruguaya de género policial, que en su país llevó más de 50.000 espectadores pintando, simplemente, algunos conflictos de un barrio montevideano.
Reus es una linda zona, medio venida a menos. En su mejor momento, fue un hermoso conjunto residencial para inmigrantes, diseñado por un economista español, Emilio Reus, que pasó primero por la Argentina, allá antes de la crisis de 1890. Dada la mayoría de sus habitantes, se lo llamó «el barrio de los judíos». También había negros. Estos se fueron quedando, los otros se fueron mudando a Pocitos y barrios más paquetes, pero muchos mantuvieron allí sus negocios.
La película muestra especialmente a uno de ellos, con alma de líder, que no quiere dejarse aprovechar por las patotas de jóvenes drogones, ni por el malviviente vendedor de protección que viene a cobrarle viejas cuentas, ni por el comisario que pretende cobrar extra el cumplimiento de sus obligaciones. Y por eso se arriesga a poner la seguridad en manos de otro tipo, devoto de la mano dura y la patada con borceguíes. Pero igual no las tiene todas consigo.
Para colmo, además de su comercio y sus paisanos, el pobre debe atender un poco el bar-mitzvah de su primogénito, y soportar las quejas de su esposa. Lo interesante es que su principal enemigo también lleva una vida familiar con reclamos hogareños y fiesta de cumpleaños, y lo mismo el patotero más lumpen, que se enternece todo cuando está con sus seres queridos. Son tipos sensibles, humanos, que se las rebuscan cada uno a su manera para llevar el pan a las casas.
«Un barrio, dos familias, tres códigos», dice el slogan de la película. Y no se trata del Bronx, ni de padrinos hollywoodenses, sino de acá enfrente. Tampoco de códigos suficientemente claros. Cuando los más nuevos están «empacados», no hay código que valga. La decadencia afecta a todos los sectores.
Con pareja combinación de unos pocos actores profesionales y muchos circunstanciales muy bien adecuados, algunos lugares comunes y momentos de precisa verosimilitud, gesticulaciones resabidas y gestos reconocibles de la vida real. Y haciendo, humildemente dentro de lo posible, una buena aplicación de ciertas cosas que enseña el cine mayor, desde la presentación aérea de «La ciudad desnuda» hasta la mugre callejera de «Gomorra».
P.S.


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