3 de abril 2012 - 00:00

La “Marilynmania” se multiplica con libros y homenajes

A la izq., Marilyn con uno de sus maridos, el dramaturgo e intelectual Arthur Miller. Este año, la figura del ícono de Hollywood presidirá el festival de Cannes desde su afiche.
A la izq., Marilyn con uno de sus maridos, el dramaturgo e intelectual Arthur Miller. Este año, la figura del ícono de Hollywood presidirá el festival de Cannes desde su afiche.
El cinco de agosto de 1962, por la madrugada, Marilyn Monroe apareció muerta en su casa de Brentwood, en Los Angeles. En el cincuentenario de la desaparición del mito por excelencia de Hollywood, coincide con varios homenajes, entre los que se cuenta el relanzamiento en varios idiomas, incluyendo el español, de «Blonde» de Joyce Carol Oates, quien se propuso desentrañar en forma de novela a Norman Jean/Marilyn Monroe, uno de los íconos del siglo XX, y a la que este año el Festival de Cannes rendirá también homenaje: un acto de reparación con la actriz de «Una Eva y dos Adanes», ya que nunca estuvo en Cannes ni paseó por La Croissette y que este año ilustrará en tamaño gigante el cartel oficial de la edición de 2012.

«Sola. Estoy sola. No entiendo por qué estoy sola cuando he querido a tanta gente...», escribió Joyce Oates, recreando diarios íntimos, poemas y testimonios de forma minuciosa entre ficción y realidad. Aunque la escritora norteamericana, una de las voces más importantes de la narrativa contemporánea, aclaró en una nota en la primera página de «Blonde» que se trata de una vida radicalmente destilada en forma de ficción, y que el lector que desee conocer datos biográficos y fidedignos no los debe buscar aquí, porque no pretende ser un documento histórico.

Casi mil páginas necesitó Oates para hablar de la soledad, el amor, el deseo, la inseguridad o el miedo de esta figura que leía a Freud o el «Ulises» de Joyce. Según Oastes, Marilyn se doblada en otros para salvarse de un mundo que ella odiaba y necesitaba a la vez y que empezó siendo cruel desde la infancia.

Con una madre siempre enferma e hija de padre desconocido, Norma Jean, su verdadero nombre, vivió una infancia en diferentes centros de acogida y con varios padres adoptivos. También conoció los abusos sexuales y para evitar tener que ir a un orfanato, y después de varios episodios, se casó a los 16 años. Un primer fracaso matrimonial al que le siguió de forma accidental su primer desnudo y ser portada de numerosas revistas.

En «Blonde» luego aparecen los dos hombres que se convertirán en dos capítulos fundamentales de su vida, Joe DiMaggio, en estas páginas apodado el «Ex deportista» y Arthur Miller, tildado como «el Dramaturgo». De Dimmagio, otro mito y leyenda del béisbol, que tenía fama de ser un caballero con las mujeres, se dice en estas páginas que el segundo marido de Norma Jean odiaba a Marilyn: «la quería sensual, provocativa, pero solo para él. Los celos lo dominaban, se sentía ridiculizado. Y por encima de todo él era un italiano que jamás olvidaba una ofensa ni perdonaba a un amigo».

Su tercer marido, el Dramaturgo (Miller) el que parece que intentó acercarse más al fondo de su naturaleza habla en el libro así: «Yo sólo quería salvarla. Durante todos aquellos años no pensé en mi mismo. En mi orgullo». A ellos hay que sumar otros protagonistas, sus venturas amorosas con el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, o Hollywood y la productora de cine mas poderosa del mundo; los personajes que fueron amigos o que formaron parte de la industria, como Clark Gable, John Houston, Montgomery Clift, Tony Curtis, Jack Lemmon, Billy Wilder, Elia Kazan o Marlon Brando.

«A veces siento...¿es que no tengo piel? ¿Le falta una capa? Todo duele. Como una quemadura de sol», dice Norma Jean. Una artista por encima de todo, que además, como también se descubrió hace dos años cuando se publicó el libro «Fragmentos», escribió muchos poemas, cartas y textos con sus reflexiones, lecturas y emociones.

«Marilyn quería ser artista. Era de las pocas personas a las que había conocido en mi vida que se tomaban en serio aquella basura. Esto es lo que acabó con ella, no lo otro. Quería que la reconocieran como a una gran actriz, pero también querían que la quisieran como a una niña, y evidentemente no se puede tener las dos cosas», dice un fragmento de «Blonde».

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