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La UE admite que fallarán varias de sus 143 centrales
El comisario europeo de Energía, Günther Oettinger, es quien anunció el apocalipsis. La máxima autoridad europea en la materia basa sus pronósticos en recortes de diarios y es abogado.
Quizás involuntariamente, al hablar de un inminente desastre en la central nuclear japonesa de Fukushima, alentó recientemente el pánico en los mercados mundiales. Y mientras intentaba tranquilizar a los europeos con el anuncio de la realización de «test de estrés» a las centrales nucleares más antiguas, ayer admitía que «podría haber sorpresas» negativas.
El alemán reconoció ayer que «no todas las (143) centrales nucleares en la Unión Europea resistirán las pruebas de esfuerzo», por ejemplo, contra terremotos o ataques terroristas.
Aunque pretendía dar un mensaje de serenidad a los casi 500 millones de ciudadanos del bloque comunitario, Oettinger obtenía el efecto contrario: más temor a un posible accidente en algún reactor europeo.
«No debemos ceder al pánico, aunque quiero recordar que Tokio es una urbe de 35 millones de habitantes, la mayor zona metropolitana del mundo», comentaba el martes.
«Apocalipsis es una palabra que se ajusta bien» a lo que está pasando en estos momentos tras el terremoto, el posterior tsunami, y la crisis en la central nuclear de Fukushima, agregó.
«Las pruebas de resistencia que queremos llevar a cabo (en 14 países de la UE) demostrarán que no cumplen con todos los estándares más elevados de seguridad», remató.
Pero lo que para muchos analistas en Bruselas parece más grave es que las afirmaciones del alemán se hayan basado en buena medida en recortes de prensa, en concreto en los artículos de diversos rotativos europeos recogidos en la revista de prensa que cada día por la mañana se realiza en la Dirección General de Comunicación (DGComm) de la Comisión Europea.
Su análisis sobre la posibilidad de un «apocalipsis» nuclear en Japón se basó en los mismos artículos que cualquier ciudadano alemán podría leer en su diario habitual mientras se toma con su café con leche una SchwarzwTMlder Kirschtorte, el dulce típico de Baden-Würtemberg, el «land» (estado) del que Oettinger fue presidente.
Ante la avalancha de comentarios críticos, el portavoz del funcionario alemán no tuvo más remedio que admitir que el comisario «no dispone de información privilegiada», por ejemplo, de parte de la Agencia Internacional de la Energía Atómica (AIEA) o de las autoridades japonesas.
Y es que el germano, miembro de la conservadora CDU de la canciller Angela Merkel, no es para nada un experto en fusión nuclear, ni siquiera en materia científica.
Estudió Derecho y Economía, y se especializó en tributación. De hecho, en los estrechos círculos de Bruselas cayó como una sorpresa cuando accedió a la cartera de Energía (antes ocupada por Andris Piebalgs) en la segunda Comisión Europea presidida por José Manuel Durao Barroso (2010-2014).
Los patinazos dialécticos de Oettinger sobre la inminencia del «apocalipsis» en Japón contribuyeron a que en las últimas horas se produjera una caída vertiginosa de varios índices bursátiles en todo el mundo.
En las antípodas de la generosa semántica de Oettinger se coloca el siempre prudente y comedido comisario de economía de la UE, Olli Rehn.
Tanto el finlandés como su portavoz, el español Amadeu Altafaj, son conscientes de que una palabra de más, un sustantivo de menos o un acento mal puesto pueden provocar un tsunami económico en los mercados de medio mundo. Quizás Oettinger debería imitarlos.
Agencia DPA


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