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Lo que se dice en las mesas

Así, en este mercado autóctono complejo, los activos resultaron muy golpeados. La iliquidez de bancos en el exterior impulsa también las órdenes de venta. Un veterano mesadinerista teatralizó el diálogo entre un director y un operador de un banco francés: «¿Qué hacés con estos 300 millones de dólares en bonos argentinos? Nosotros sin acceso al crédito bancario y vos con papeles argentinos, venezolanos, brasileños...¡Vendé todo!». De esta particular manera, ese hombre del mercado graficó el porqué del desplome de los papeles domésticos. Además, en la ola de ventas de lo que primero se desprenden los grandes inversores es de aquellos papeles considerados más riesgosos o, en la jerga financiera, de «alto beta». Esto significa que se trata de activos que suben más que el promedio del mercado en épocas de bonanza, pero caen con más fuerza cuando llega el momento de las ventas. Por eso, resulta difícil sacar conclusiones por la baja del cupón PBI: ¿es mayor desconfianza por el futuro de la economía argentina o, simplemente, vender un activo volátil en medio de la incertidumbre? Todo indica que pesa mucho más esto último.
Temas menos financieros en las conversaciones. La dificultad para conseguir bodega para viajar a Uruguay, en especial los viernes, es otro de los temas que más se comentaron. ¿Se adelantó el verano? Nada de eso. En realidad, se trata de argentinos que buscan «cruzar el charco» para depositar divisas del otro lado de la costa. Se encareció tanto el denominado «dólar cable», es decir, transferir dinero al exterior, que resulta mucho más negocio hacerlo personalmente y, de paso, disfrutar un fin de semana en Montevideo o en Punta del Este. El riesgo, si se llevan más de u$s 10.000, es ser detectado en la Aduana e incautado lo que se traslada. Del otro lado tampoco el trámite es tan simple, porque muchas entidades no aceptan depósitos en efectivo. Todo esto genera, en consecuencia, un récord en la cantidad de billetes que se atesoran localmente: entre cajas de seguridad, colchón y depósitos en bancos, el cálculo que se maneja es que habría nada menos que u$s 50.000 millones en «cash».
Muchos banqueros todavía dudan si viajar a Washington para participar de la reunión del FMI y el Banco Mundial. Sucede que con mercados prácticamente cerrados, la posibilidad de cerrar algún «deal» para colocar deuda, algún tipo de préstamo sindicado o incluso emitir acciones es prácticamente nula. «Si se presenta algo puntual, es preferible hacer un viaje relámpago a Nueva York y listo», razonan. La preocupación de los banqueros alrededor del mundo pasa por su propia supervivencia y por las discusiones que mantengan los países del G-20 y de los organismos multilaterales para tratar de evitar una nueva recesión a nivel global. De todas maneras, están previstas distintas reuniones cerradas con inversores que tradicionalmente organizan los grandes bancos, como es el caso del JP Morgan y el Deutsche Bank. En cambio, la presencia de funcionarios argentinos será casi perfecta, arrancando por el ministro de Economía, Amado Boudou, y la titular del BCRA, Mercedes Marcó del Pont.
Casi chorreando sangre llegó el clásico mail de los jueves del «Oso», el ejecutivo de banca privada que se escuda bajo ese seudónimo. Dice lo siguiente: «1) Les juro que quisiera ser optimista, pero la realidad me dice lo contrario; 2) sigue subiendo el pedido de subsidios por desempleo en EE.UU.; 3) sigue subiendo el diferencial de tasa de los bonos de países emergentes y de alto rendimiento (salida de capitales en general); 4) siguen subiendo los remates de casas en EE.UU.; 5) las economías en general siguen enfriándose; 6) lo único positivo (valga la paradoja) es que el nivel de pesimistas es hoy del 40% (muy alto), similar a marzo de 2009; 7) a los que puedan, sigan buscando activos seguros; el trading es para los profesionales o los bancos que después les transfieren las pérdidas a sus Gobiernos, total son muy grandes para caer; 8) el euro va a ir a 1,30 contra el dólar». Contundente, fiel a su estilo, el «Oso».
El rescate a los bancos europeos llegó exactamente tres años después de la caída de Lehman Brothers. Ya lo había anticipado el titular del Tesoro norteamericano, Tim Geithner, cuando con mucha seguridad afirmó que Europa «no dejará caer a ningún banco». Hubiese sido de una torpeza extrema, considerando la crisis global que generó en 2009 la caída de Lehman y el pánico bancario desatado posteriormente. La inyección de liquidez que recibirán las entidades es una solución de corto plazo, que no ataca los problemas de fondo de la eurozona, es decir, el alto nivel de endeudamiento, desempleo y estancamiento. Ahora, las dudas pasan por el salvataje de Grecia. Se descuenta que el país se encamina hacia una fuerte reestructuración de su deuda, con una gran quita de capital. Pero la clave será evitar un default prolongado como el que tuvo la Argentina de 2001 para evitar un contagio sobre otros países. Y la posibilidad de que Grecia deje de formar parte de la zona del euro continúa siendo baja por ahora. Otro tema que debe determinarse en las próximas semanas es si el bloque terminará emitiendo eurobonos, una decisión que debe tomar Alemania (actuaría como garante de estos títulos). Este tipo de colocaciones bajaría en forma importante el costo de financiamiento promedio para toda la región.
La ayuda para los bancos europeos impactó positivamente también en el sector financiero de los Estados Unidos. Las acciones bancarias, que arrastran una caída cercana al 30% en lo que va del año, ayer rebotaron más del 2,5%. Pero en Wall Street recomiendan posicionarse en sectores que tienen buen nivel de rentabilidad y que pagan altos dividendos. Las tecnológicas se despegaron durante toda la semana, con subas mayores que el resto. También ganan atractivo las compañías del sector salud (laboratorios, farmacéuticas), que son menos volátiles. Una de las subas más fuertes de ayer fue la de Bank of America, que ganó un 4%. De todas formas, la entidad sigue más del 45% abajo en lo que va de 2011, siendo una de las peores inversiones del año. Se estima que el sector financiero tiene chances de una recuperación más marcada, pero habrá que tener paciencia para esperarlo.


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