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“Los géneros son una herramienta para usar cuando nos conviene”
Coelho: “Hay asuntos literarios que instalan un universo. Pasé por eso en dos libros, donde la pregunta por la paternidad, por la ley, por el afuera, venía dada por la muerte de mi padre. Un momento crucial, un enfrentamiento a la ética, para cualquier hombre”.
Periodista: ¿Cómo surge la historia de "Bien de frontera", luego de haber contado de Silvio Lobo, un cuarentón que intentó tener una familia y sufre el abandono, la pérdida y una búsqueda signada por el fracaso?
Oliverio Coelho: Cuando terminé "Un hombre llamado Lobo" tuve la impresión de que algo de ese paisaje pampeano me había quedado pendiente, que había una zona que aún tenía que explorar. Entonces monté una intriga en torno a una familia del pueblo. Un hombre que regresa porque su padre está muriendo y se ve encerrado en el clima opresivo del lugar. Con el tiempo esa historia pasó a ser secundaria, y fue el punto de partida para contar de Sauri, que pasó a ser un niño prodigio para el ajedrez mundial luego de ganarle una partida a Bobby Fisher, y que luego, en los años sesenta, rechaza ese don para entrar en la militancia llevado por una relación amorosa con una militante chilena exiliada en Buenos Aires.
P.: ¿Por qué el protagonista se llama Sauri?
O.C.: Parece un apellido mitológico, ¿no? Ofrece una imagen contundente. No necesita otro nombre. Tiene un nombre vocablo. Cierta vez en la barra de una pizzería, en Boedo y Garay, estaba al lado de un taxista que venía del Colón. Se dedicaba a llevar turistas. Era un hombre muy culto que había militado en los setenta en el sindicalismo duro. Había sido desplazado y tenido que exiliarse. Había vuelto sin nada y nunca había podido reincorporarse a la sociedad. Cuando le pregunté cómo se llama, me dijo Sauri. Ese nombre me da un personaje de varias caras. En él mezclo algo de la biografía de mi padre y una mayoría de cosas ficticias. El nombre Sauri quedó ligado a un hombre que fracasó en la militancia. A partir de eso construí la vida de un personaje durante 60 años, o 250 páginas, que es lo que dura la novela.
P.: Una de las tensiones de "Bien de frontera" son las relaciones distantes con el padre. De Sauri con su padre, que le deja una fortuna que robó, y él como padre de Malena, a la que tiene que descubrir como hija.
O.C.: Quizá sea un karma familiar, pero son relaciones que tienen su vaivén. Sauri cuando su padre enferma retorna y lo reconoce, y de alguna manera hereda de él la fantasía de volverse rico, una quimera de otra generación. En mi generación no existen los golpes de suerte que a uno lo vuelven rico. Existe el escepticismo, la laboriosidad, la espera, fantasías de otro orden. Hay decepción, momentáneos fervores, pero nunca nada regalado. Volviendo al tema, hay asuntos literarios que instalan un universo. Pasé por eso en dos libros, "Un hombre llamado Lobo" y "Bien de frontera", donde la pregunta por la paternidad, por la ley, por el afuera, venía dada por la muerte de mi padre. Un momento crucial, un enfrentamiento a la ética, para cualquier hombre. La literatura fue mi modo de intentar resolver esa cuestión simbólica y hasta metafísica. Por eso en la novela está la relación de un hijo con un padre agonizante, y de ese hijo asumiéndose como padre de esa hija que engendró a los 18 años, en una fugaz relación amorosa, y que hasta ese momento nunca había atendido.
P.: Se ha vinculado estilísticamente su novela con Borges y con Onetti, cuando acaso tiene más que ver con Roberto Arlt.
O.C.: Arlt es el hacedor de la idiosincrasia rioplatense, de nuestro expresionismo urbano. Cuando leo a Onetti lo leo a partir de Arlt. Creo que Sauri, el protagonista de "Bien de frontera", arrastra muchos muertos, en cuanto a vidas no cumplidas, como la de ajedrecista, la de estudiante, la de militante, eso lo lleva a cambiar de nombre a cada rato y a huir a través de la estafa, del crimen organizado, que es la posibilidad que le da la labor impune. Y la Triple Frontera era el lugar perfecto para escenificar esa labor impune, que para mí tenía algo de "Blade Runner". Y eso me lleva a hacer una novela que se inicia en el pasado y termina en el futuro, en un futuro que es como nuestro pasado en una dimensión paralela, que es el pasado en nuestro futuro, hay cambios pero impresiona en la ilusión de repetición, de una cierta circularidad.
P.: Su novela mezcla géneros, tiene de ciencia ficción pero no es ciencia ficción, es una novela familiar, realista, que se vuelve thriller, hay una intriga que juega al ajedrez con el lector.
O.C.: El ajedrez, en mi caso, tiene que ver con la genética paterna. Mi padre jugaba al ajedrez, y me enseño a jugar desde chico. Y si él hubiera tenido que elegir un modelo de ajedrecista, por su estilo y también por su temperamento, hubiera sido Bobby Fischer, que era como el héroe de un joven. Recuerdo que reproducíamos partidas que salían en el diario, que era como leer un combate, un destino, una historia. Era muy conmovedor. Si tuviera que elegir un recuerdo feliz de mi padre es una tarde de domingo, ¿qué hacemos? y ahí empezar a armar el tablero, para reproducir partidas de Fischer y estudiarlas, porque cuando jugaba contra él siempre perdía.
P.: Sauri tiene inteligencia como para ganarle a Fischer y finalmente se vuelve un marginal de frontera como el genio estadounidense que terminó su vida en Islandia.
O.C.: Esa capacidad le permite a Suri volverse un estafador. De algún modo el ajedrecista cumple en la novela la función de un telépata, lee la mente de sus "clientes". Se me ha dicho que eso provoca una adicción en el lector, las ganas de seguir leyendo. Esa adicción en el lector es casual, no es que yo haya querido inducirlo, me salió así, surgió del carácter mismo del personaje, de sus experiencias de vida, de todo lo que le había ocurrido y que le iba ocurriendo. Nunca me propuse construir una novela que tuviera esa intención adictiva, para mí era atractivo lo que iba viviendo Sauri. Uno no puede elegir tanto, quiere contar una historia y trabaja con sus limitaciones. Uno no puede escribir como querría, hay algo caso genético que lleva a un tipo de escritura. Si me hubiera forzado a escribir una novela que se deslizara fluidamente hubiera hecho una caricatura de novela. Uno no puede seguir moldes, y se lanza en su propia voz. Es por eso que para mí los géneros son herramientas que uno tiene guardadas y puede usarlas si le convienen. Acaso por eso nunca me pondría a escribir una novela policial, una novela de género, pero uso sus elementos, la intriga, los indicios, las expectativas, las tensiones.
P.: Así como su novela anterior lo llevó a descubrir el impactante espacio que rodea finalmente a Sauri, ¿no lo tienta seguir explorando ese mundo?
O.C.: Me pasa con "Bien de frontera" que si recuerdo a Sauri, recuerdo a alguien vivo, a alguien de carne y hueso. Es como haber concebido una persona en plenitud. La siento como una grata invención porque no hay interferencia en la construcción de esa vida. No siento que haya cabos sueltos, un rasgo de frialdad o impostura en la construcción de la vida de Sauri. Todas mis novelas penden de la verosimilitud, de la virtud de un protagonista, son novelas de personaje, de un protagonista. Un amigo me decía cómo habiendo creado el universo de ese futuro que remite al pasado podía abandonarlo. Le dije que no estaba extinguido, que acaso podía volver. Tendré que dejar pasar tiempo, ahora estoy en otra cosa. Se me han ocurrido muy diversas posibilidades de regresar a esta historia, por ejemplo contar la historia desde Malena, la hija de Sauri, que casi no se conocían, que no habían convivido y de pronto tienen que hacer ese viaje a la frontera, a instalarse en el delito, y ella que deja a su padre y se vuelve. El tema es que si no hay un impulso sostenido, que a veces tienen que ver con explorar, con descubrir lo que ocurre, con las ganas de conocer al personaje, cabe el riesgo de comenzar una novela y abandonarla. Ya me ha pasado muchas veces. Si empiezo una historia tengo que estar convencido de que voy a terminarla. Eso me pasa también con los libros que leo. Salvo que al avanzar me decepcione, llego hasta el final. O acaso que se trate de algo tan bueno que no llegue a aprehenderlo. Hay libros que son buenísimos pero, como decía Borges, no es nuestro momento.
P.: ¿Después de "Bien de frontera", ¿que está escribiendo?
O.C.: Tengo una novela por la mitad que tuve que interrumpir porque me mudé de barrio, pasé de Boedo a Agronomía. Es una historia que no tiene nada que ver ni con "Un hombre llamado Lobo", ni con "Bien de frontera", ni con el tema de la paternidad. Trata de una familia que está atravesada alrededor de un duelo, no como núcleo conspirativo. El protagonista descubre que hay algo que la familia ocultó. Y empieza a reunir informaciones, datos y a hacer asociaciones que lo llevan a descubrir comportamientos que le resultan inquietantes. Así se lanza a una investigación terrorífica, por decirlo de alguna manera. Es de algún modo un thriller.
Entrevista de Máximo Soto


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