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“Magallanes”: el pasado que vuelve como pasajero
Damián Alcázar es el notable protagonista de “Magallanes”, un taxista que combatió como soldado contra Sendero Luminoso.
Lima, época actual. Harry Magallanes es un hombrecito macizo y humilde, de ocupación taxista. Él se ocupa de pasear a un viejo lisiado y con Alzheimer, pero todavía lleno de altivez. Ya sabremos que ese viejo ha sido coronel de la lucha contra Sendero Luminoso, y que él, y el dueño del taxi, eran soldados suyos. Un día, una mujer sube al vehículo. Magallanes la reconoce, la sigue, y por algún motivo decide ayudarla.
Sus intenciones parecen buenas. En cambio sus métodos de ayuda no parecen muy limpios. Quizá nunca fue un tipo del todo limpio. La guerra inculca otros valores. Dicen, sin embargo, que la intención es lo que vale. Potente drama policial de personajes muy bien construidos, con toda su complejidad, y muy bien actuados, narración ágil y compacta, con giros precisos, situaciones creíbles y final memorable, eso es "Magallanes". También, potente cuadro sobre los fantasmas del pasado, la expiación de culpas, la dificultad del perdón, la incomprensión del otro, el orgullo herido, las memorias y desmemorias, las formas singulares de hacer justicia y redimirse.
No corresponde contar más. La historia, inicialmente inspirada en algunas páginas de "La pasajera" y "La hora azul" (ambas de Alonso Cueto), se va contando sola, con todas sus vueltas, a medida que desnuda la verdad de cada personaje. Y no juzga a ninguno, sólo muestra la humanidad de todos, y son todos universales. La acción pasa en Perú. Podría pasar también entre veteranos de Argelia o Indochina, Cuba o Tucumán.
Autor, Salvador del Solar, que se tomó su tiempo para debutar en cine. Tiene años como actor y director de teatro, y actor de cine y televisión. Por eso, y porque ha sabido elegirlos, le salen tan buenos los intérpretes, incluso los que apenas tienen una línea. A señalar, el mexicano Damian Alcázar, el colombiano Jairo Camargo como comisario lleno de ironía, Federico Luppi, los locales Christian Meier y Bruno Odar (el yuppie y el amigo torturador) y en especial Magaly Soulier, que empieza como una infeliz asustada y retraída y termina apabullando a todos. Película fuera de lo común, de veras excelente.


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