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12 de diciembre 2022 - 00:00

Más oportunidades y menos trabas: las claves para retomar el sendero de la recuperación

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Daniel Funes de Rioja.

Copal

La industria de alimentos y bebidas de la Argentina -nucleada en la COPAL- ha venido acompañando con el abastecimiento normal los diversos momentos de los últimos años de la realidad de nuestro país. En efecto, tanto durante la pandemia como con las ulteriores derivaciones -incluso las provocadas por la guerra desatada como consecuencia de la invasión Rusa a Ucrania- con los consecuentes problemas para la obtención de insumos en el plano internacional como las trabas logísticas que se plantearon requirieron una permanente disposición de la industria que ha dado testimonio acabado de ello.

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No obstante, medidas oficiales más relacionadas con un proceso inflacionario producto de desajustes macroeconómicos llevaron a aumentar restricciones, controles y otras medidas que lejos de contribuir a fortalecer el rol del mercado, consiguieron el efecto contrario. Así, medidas cada vez más rígidas ignoraron una realidad de la cual el sector no está exento: aumentos de costos de materias primas, costos laborales, logísticos e insumos de todo tipo que impactan en una inflación que no cesa, y de la cual padecemos las consecuencias.

Esto, sumado a la depreciación del tipo de cambio, y el complejo acceso al mercado cambiario, así como la poca previsibilidad en medidas económicas han impedido el normal desarrollo de la industria de alimentos y bebidas, en vez de potenciarla.

Reglas de juego

Por ello, es imprescindible dotar a la Argentina de un marco macroeconómico previsible, con reglas de juego estables que permitan a nuestro país no sólo satisfacer las necesidades del mercado interno y de los consumidores, sino también convertirnos en actores importantes del mercado internacional agregando valor con nuestras exportaciones de alimentos industrializados y de una competitividad que nos dé acceso a los mercados internacionales generando más y mejor empleo.

En ese contexto y para tales fines, tenemos vocación de diálogo y queremos trabajar en conjunto, sector público y privado, para encontrar soluciones a los problemas multicausales que acarreamos -aún con oscilaciones- desde hace largos años, pues las medidas unilaterales que limitan o condicionan al sector sólo logran un impacto negativo mayor en términos de crecimiento lo que restringe el trabajo formal pone aún en mayor evidencia la crisis.

Como ya hemos dicho, solo el diálogo permitirá generar certidumbre, credibilidad de nuestros sectores productivos y también del propio Estado y con ello facilitará una concertación de políticas de largo plazo.

El desafío

Sin lugar a dudas, y más allá de ciertos indicios o declaraciones, este diálogo constituye una asignatura pendiente. Sin embargo, es el único camino para encontrar soluciones a los problemas de la Nación, especialmente a los macroeconómicos y sociales, promoviendo el desarrollo del país, con inclusión productiva y social.

Este es el desafío para poder capitalizar las oportunidades que las circunstancias del mundo hoy ofrecen tanto en el plano energético, minero, agroindustrial y de alimentos como para los servicios de tecnología, sin perjuicio de la continuación y profundización de la modernización del aparato productivo en general, la adopción de tecnologías 4.0, así como la adaptación a las nuevas realidades laborales a las que se suma una clara necesidad de vinculación entre el sistema educativo y el del trabajo en términos de formación técnica y de las calificaciones que hoy definen la relación entre productividad, competitividad y demanda del mercado.

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