6 de abril 2016 - 00:00

“Me cuesta mucho hablar de mi tiempo y de mi espacio”

Parisi: “La literatura argentina de mis contemporáneos se ha vuelto una especie de diario íntimo donde la gente escribe sólo de lo que le pasó en la vida”.
Parisi: “La literatura argentina de mis contemporáneos se ha vuelto una especie de diario íntimo donde la gente escribe sólo de lo que le pasó en la vida”.
 Una pasión incestuosa en un pueblito de Sicilia a comienzos de la Segunda Guerra Mundial en "Su rostro en el tiempo", que publicó Sudamericana, y la novela policial "Con la sangre en el ojo", que sacó Grijalbo, señalan el carácter versátil, laborioso, prolífico, del argentino Alejandro Parisi, quien, decidido a ser un escritor a tiempo completo, trabaja en forma permanente en cuentos, novelas y guiones, convirtiendo testimonios de vida en relatos, y participando en colaboraciones autorales. Parisi publicó con anterioridad las novelas "Delivery", "El ghetto de las ocho puertas", "Un caballero en el purgatorio" y "La niña y su doble". Dialogamos con él sobre sus nuevas obras.

Periodista: ¿Cómo hace para saltar de la historia de un incesto en el universo campesino de Italia a mediados del siglo pasado a una novela policial porteña y actual con detective uruguayo?

Alejandro Parisi:
"Su rostro en el tiempo" la empecé en 2004, dos años después de publicar "Delivery", mi primera novela, y no funcionaba. La historia necesitaba un trato más objetivo, y cuando termino una primera versión no tengo mucha objetividad. Veo los puntos flojos, pero estoy demasiado conectado con el texto como para analizarlo, preciso dejarlo y retomarlo después de un tempo. En cambio, el policial "Con la sangre en el ojo" lo escribí en dos meses en 2007, y lo tuve guardado hasta 2013.

P.: Habiendo creado un personaje fuerte como el detective de "Con la sangre en el ojo", ¿no le tentó seguir en la novela negra?

A.P.:
Voy a seguir contando las historias del expolicía Álvaro Balestra. Esa novela es la primera de una saga. Confieso que me gusta mucho Vázquez Montalbán, y es una influencia clave. Yo quería tener un investigador de novela negra pero que fuera del Río de la Plata. No un tipo que tome whisky sino grapa. Un personaje que fuera una plataforma narrativa. La novela negra no se entiende sin la sociedad urbana, y ahí aparece Balestra. Cuando estaba viviendo en Barcelona veía carteles de detectives privados. ¿Detective privado en el siglo XXI? Se dedican a seguir a hijos adolescentes de la burguesía. Los padres no tenían relación con ellos, y no sabían qué hacían. Contrataban un detective privado para que cuidara a sus hijos. Eso me parecía de otro planeta. Me vine pensando en alguien que en el pasado perteneció a la Policía y no le gustó lo que le mandaron a hacer. Así nace Álvaro Balestra. Un tipo con un pasado oscuro. A partir de ahí en la novela negra se puede hablar de secuestros, narcotráfico, celos, espionaje industrial, de cualquier cosa.

P.: Usted usa el estilo del hardboiled, del detective duro, quemado, pero de buen corazón.

A.P.:
Que es querible, aunque no se apruebe todo lo que hace. Busqué salir del esquema de que los que son hijos de puta son sólo hijos de puta y no hacen nada más que cosas de hijos de puta. Traía también de Europa los ataques a los mendigos. Creo que las dos historias que se narran en "La sangre en el ojo" además de atractivas son la excusa para presentar a Balestra. James Ellroy dice que nunca la primera novela de una saga es la mejor, eso me dio libertad al escribir.

P.: Usted retoma el policial de la pulp fiction, donde importa más la acción que la literatura, a la vez pareciera por momentos seguir la tradición urbana instalada por Roberto Arlt.

A.P.:
Del personaje de El Rengo me han dicho que recordaba a los personajes de Arlt. No elegí seguir a Arlt, al que no conozco demasiado, pero en todos mis libros trato de no escribir para escritores. No menciono autores. No uso nombres ni marcas porque los libros así terminan siendo un muestrario de los consumos del autor. Detesto esas cosas. Sé que hay gente que busca en los libros esos rellenos de mercado. A mí me interesan las historias que todo el mundo puede entender, que impulsan a seguir leyendo. Me importa lo que le ocurre al personaje. La literatura argentina de mis contemporáneos se ha vuelto una especie de diario íntimo donde la gente escribe solo de lo que le pasó en la vida. Mi vida es aburrida, me paso diez horas por día sentado frente a la computadora. Cuando escribo me gusta pensar que soy otro tipo. Si bien uno usa sus experiencias, las anécdotas personales, yo las transformo. Busco que en un punto la acción tenga una importancia mayor que el lenguaje. Nunca voy a escribir un personaje que se pase pensando dos años lo que va a hacer. Me encanta leer a Saer, pero no que un tipo se pase 30 páginas cortando un salamín. Mi preocupación al escribir es que el texto avance. Acaso por eso me dicen que escribo como si fuera una película. Necesito ver las cosas que van ocurriendo para contarlas.

P.: Bueno, pero ¿qué le hace pasar de un crimen porteño actual a un incesto campesino en la Sicilia fascista?

A.P.: Mi editora me dice que confundo a mis lectores, pero yo no quiero aburrirme. Escribí dos novelas sobre sobrevivientes del Holocausto, "Un caballero en el purgatorio", sobre un tipo que estuvo en cana 30 años, y "La niña y su doble", que me agotaron psicológicamente porque son historias muy sufridas. No podía terminarlas, entonces frené, y para divertirme escribí el policial "Con la sangre en el ojo". Eso me permitió luego volver y terminarlas.

P.: ¿Cómo surge "Su rostro en el tiempo"?

A.P.:
Venía pensando: qué pasa si dos hermanos se enamoran. Y no sabía adónde ubicar ese tema. Viajé a Sicilia con mi abuela a conocer el pueblo donde ella había nacido, y vi que la isla tenía un lugar que era como estar en el medio de la nada. Era el escenario. Los hermanos viven en un pueblo, son campesinos. El hermano se va a trabajar al campo. La hermana en la casa aprende a ser como su madre. Yo quería escribir una tragedia, me di cuenta después, y en la primera versión hablaba demasiado de la Segunda Guerra Mundial y la historia principal se diluía. La dejé de lado. Me puse a terminar las novelas del Holocausto, y ahí hablaba de la guerra. Cuando volví a "Su rostro en el tiempo" ya no tenía que hablar de la guerra. Me concentré en la historia de amor. Considero que es mi novela más ambiciosa, en la que hablo de un tema complejo. El lenguaje es muy distinto al de mis otras novelas. Es, tal vez, la más literaria de todas. Sigo en la misma línea, avanzando por acciones. Es una historia de amor chiquita que tiene hasta un coro griego, unas viejas que hablan alrededor de un pozo de agua.

P.: Se dedica a la escritura a pleno.

A.P.:
Hoy por hoy, sí. Me dedico a mis novelas. Trabajé mucho tiempo como guionista para programas infantiles. Escribo libros para otros, como autor fantasma. Poder vivir de lo que escribo me da cierta felicidad.

P.: ¿En qué está trabajando ahora?

A.P.:
Tengo que terminar un montón de libros ajenos. Quiero hacer la segunda parte del policial, la continuidad de la saga de Balestra. De todos mis personajes, Balestra es el que más se parece a mí. El querer estar solo, las plantas, `los chistes malos... en fin. Después estoy pensando una historia sobre la paternidad y la maternidad hoy. La necesidad que sienten algunas mujeres a partir del final de los 30 años de ser madres antes de que se les apague el reloj biológico. El hombre que posterga esa posibilidad. Los que no pueden tener hijos. El hijo como sujeto que lleva al consumo, no como persona. Tengo que procesarlo, me cuesta mucho hablar de mi tiempo y de mi espacio.

Entrevista de Máximo Soto

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